miércoles, 5 de febrero de 2014

¿Será posible un acercamiento entre el Frente Amplio y el PAC? Una reflexión personal.

La cuestión de si el Frente Amplio (FA) apoya o no apoya, institucionalmente, al Partido Acción Ciudadana (PAC) de cara a la segunda ronda electoral de abril, se ha convertido en una discusión demasiado visceral. Y razón hay para ello y demuestra que, en la política no sólo cuenta lo fríamente objetivo, también tiene su lugar lo candentemente subjetivo.

No pretendo hacer uso de una falsísima neutralidad valorativa. No creo en esos desdobles tan en boga en estos días. Por el contrario, escribo como lo que siempre he sido: Un militante del FA. Pero también debo aclarar que estas opiniones son absolutamente personales, por lo que no espero (en estos días ya no es muy realista) que se vaya a tomar como una posición del partido.

Las formas cuentan.

En un ya parece lejano 27 de julio del 2013, sentados en la sala de la casa de Patricia Mora, fui testigo de como un grupo de representantes del PAC, entre ellos Luis Guillermo Solís, Juan Carlos García, Olivier Pérez y Marcela Guerrero, nos anunciaban con cara de circunstancia que la Comisión Política del PAC había rechazado un pre acuerdo de coalición entre ese partido, Patria Nueva (PN) y el FA. Un acuerdo que se aceleró ese día, llegando incluso a trabajar en paralelo dos salas. En una se negociaba políticamente, en la otra avanzábamos en una propuesta programática común (solamente personas del Frente Amplio, ya que del PAC solamente enviaron su plan básico).

Al no surgir acuerdo, se tomó la decisión de emitir un comunicado conjunto, firmado por los dos presidentes del PAC y el PN y la presidenta del FA. Incluso Solís se ofreció a hacerlo. Lo envío por correo electrónico y se firmó y se hizo público (en la imagen abajo se puede leer en su versión original).

Sinceramente veíamos desde el FA que existieron elementos que atentaron a la conformación de esa coalición que, por cierto, nunca se puso en duda su carácter progresista e, incluso, de centro izquierda. Y un elemento adicional (digresión necesaria): Las conversaciones se dieron por iniciativa del mismo Luis Guillermo Solís, que invitó a Patricia Mora y José María Villalta a su casa para iniciar conversaciones. Es por ello que considerábamos que el PAC y PN no eran enemigos sino simplemente adversarios y que, conjuntamente, se trataba de atraer y concitar apoyos a las propuestas anti neoliberales y posicionar propuestas de orden progresista.

Esta (¿errónea?) percepción hizo que tanto Villalta como candidato del FA y Corrales como su contraparte del PN se cuidaran de efectuar ataques directos entre ellos y contra Solís en los debates. Y si bien en un principio pareció que Solís actuaba de forma similar, pronto parece que fue llamado al orden. Y el disparo de advertencia salió de su homónimo, Ottón. A partir de ahí, las cosas cambiaron. Habiendo perdido el caudal de apoyo de un buen sector del electorado con sensibilidad más proclive al progresismo de izquierda, deciden apostar por atraer a un sector más conservador. Y para ello refuerzan su discurso en atacar al FA (es ya conocido el apelativo de bolivariano a nuestro partido) o aprovecharse del ataque más sistemático de carácter anticomunista de parte del Partido Liberación Nacional (PLN), el Movimiento Libertario (ML) y los poderes fácticos de la prensa, en especial, La Nación.

¿Funcionó? Pues sí, se nos atenemos a que lograron obtener un 31% de la votación y con ella colarse a la segunda ronda electoral. Incluso, debo confesarlo, supuse que en las primeras 24 horas habría un acercamiento de parte de Solís para hacer efectivo lo que él mismo escribió el 27 de julio. Tanto lo creí que incluso abandoné nuestro acto final para poder oír el discurso. Y cuando abrió la boca, quedé pasmado. No daba señales de acercarse, por el contrario, cual general victorioso, más que un discurso político lo que hizo fue una arenga.

A partir de ahí, la cosa se complicó. Mucha gente que se identifica hoy con el FA se sintió defraudada. Y al pasar de los días, las manifestaciones de dirigentes del PAC, como Epsy Campbell y Alberto Salom, no ayudaron a bajar los ánimos. Más bien, parecían pavonearse ante quienes esperaban otro talante. A tal punto se ha llegado que, personalmente, no veo condiciones para ninguna conversación, salvo que existiera un gesto sincero de reconocer que los calificativos fueron un error, pero todo parece indicar que en su ecuación esta variable no entra.

  1. El simple rechazo al PLN no basta.

Desde la otra acera nos hacen llamados de que asumamos una “responsabilidad histórica”. Que si no votamos por el PAC, el PLN ganaría por tercera vez y con ello el orden de cosas se mantendría. Este argumento de simplismo rampante ni siquiera es de recibo. Bajo ese argumento lo
que están diciendo es que todo el voto del FA es un voto simplemente visceral y sin ningún trasfondo de racionalidad. Puede que una parte del voto haya operado así, pero otra muy grande no. Lo hizo porque había una identificación con las propuestas programáticas y por un reconocimiento de que José María Villalta encarna una serie de aspiraciones y valores deseables en líderes políticos. No logro entender como Alberto Salom olvidó que en una elección operan tres elementos que se imbrican entre sí: lo tradicional (muy débil en el caso del FA), lo carismático (innegable en Villalta) y lo burocrático (asimilado en lo programático).

Haber descalificado a Villalta opera en contra de captar el apoyo carismático y no querer negociar elementos programáticos descalifican a las personas que toman la decisión por análisis y reflexión. Mala apuesta, parece.

Apelar hoy a que se apoye al PAC porque es diferente al PLN, sin considerar que el FA también lo es, tampoco parece muy aterrizado. Si ese es el objetivo que se le presenta al electorado, de una u otra forma se le dice que si en vez del PAC estuviera el ML, sería válido votar por el ML. Al fin y al cabo, sacaríamos al PLN.

  1. ¿Están los puentes dinamitados?

Personalmente creo que sí. Talvez no se han derrumbado del todo, pero están tan falseados que difícilmente aguantarían. Claro que aún existe un cierto margen de maniobra pero creo que las condiciones en que se deberían dar, no pueden ser solventadas en los escasos dos meses que restan.

En primer término, debería darse un reconocimiento de que existió un exceso discursivo que insultó a mucha de la militancia del FA. Sin ese primer elemento, el resto del camino no parece muy abierto.

En segundo término, cualquier conversación debería partir de dos elementos básicos. Por parte del PAC una voluntad de incluir propuestas programáticas del FA en su gestión como Poder Ejecutivo. Y estas propuestas deben contener no sólo un carácter progresista, también deben ser fundamentales para el FA. Por otro lado, el FA podría comprometerse al apoyo de proyectos de ley consensuados que respondan a visiones comunes de ambos partidos.

Otro elemento es que PN no debería ser marginado de las conversaciones. Al fin y al cabo, formó parte del esfuerzo de coalición y también puede tener propuestas que le sean importantes. Asimismo, y no debe ser una exigencia de negociación, no deben ponerse puesto en el tapete de discusión. Esa no es la cuestipon fundamental, pero sí el tomar en cuenta a sus socios, políticos en el caso de que se llegara a algo, para la formulación de políticas públicas.

Menciono el tema de los puestos porque Luis Guillermo Solís ha lanzado una advertencia que parece innecesaria, no se van a tranzar puestos. Válido, pero al FA no le interesan puestos, le interesan políticas públicas que sí es relevante. Claro, también debemos entender que debe haber una fila de aspirantes muy larga en el PAC, máxime que han esperado por doce años para verse en esta tesitura.

Así que, ¿habrá acercamiento del PAC al FA? En dos palabras, no creo.


lunes, 13 de enero de 2014

Santiago está más cerca de San José que Managua.

La ofensiva de medias verdades y mentiras y media parece tener como actor principal a los editorialistas de La Nación. Hoy no es la excepción, publicando una página completa. La tónica, la misma de siempre en esta campaña electoral; convencer al electorado que de triunfar José María Villalta y el Frente Amplio, sucederá algo tan pero tan malo que hasta los jinetes del Apocalipsis saldrían a galope huyendo.

Inicia el editorial con una afirmación que no deja dudas de lo que trata el editorial. No hace falta llegar al final, la conclusión es con lo que inician. Textualmente dicen: “El socialismo de otros países como Chile y Brasil es mucho más moderado, muy semejante en sus regímenes institucionales y políticos a las demás naciones democráticas con economías de mercado.”

Ya aquí está la primera confusión de conceptos e inexactitudes. Porque si se hubieran tomado el tiempo para leer los estatutos del Partido Socialista de Chile (PSCh) y los planteamientos programáticos de la Nueva Mayoría para las elecciones recién pasadas en Chile, se habrían llevado algunas (desagradables) sorpresas y creo habrían tenido que cambiar en mucho la redacción del editorial.

Obvia decir, por ejemplo, que en sus estatutos el PSCh plantea que este partido
“... es un partido popular y de izquierda, autónomo, democrático y revolucionario, en tanto persigue un cambio social profundo. El socialismo es la respuesta al neoliberalismo y al capitalismo globalizado. Luchamos por una radical profundización de la democracia, haciéndola participativa, por una economía solidaria al servicio de la satisfacción de las necesidades de los seres humanos, una cultura de la libertad y una proyección de Chile en el mundo a partir de su condición latinoamericanista e internacionalista.” (pag. 4)
Leído en paralelo con los estatutos del Frente Amplio, no existe mayor diferencia. Los extractos de interés dicen:

Sobre la democracia: “Se instala en la lucha por una democracia avanzada en todos los campos, incluyendo la democracia económica y cultural. Promueve formas de democracia más participativas y directas”. (pag. 2)

Sobre el socialismo: “Lucha por una sociedad inclusiva, igualitaria, próspera, culta y sostenible que se apoye en los valores del humanismo, de la ilustración y el socialismo: libertad, igualdad, fraternidad, solidaridad, pluralidad, justicia social.” (pag. 2)

Sobre el neoliberalismo y la globalización: “Defiende el interés nacional frente a la globalizacipon de signo neoliberal.” (pag. 2)

¿Cuál es la diferencia fundamental? Poca o ninguna, por lo que queda en entredicho la afirmación de que el PSCh es tan diferente del Frente Amplio.
La Nación hoy idolatra a Lula, primer presiden-
te de izquierda en Brasil, también fue sataniza-
do en su momento. Pero no pasó el desastre 
que profetizaba la derecha.

¿Será que la diferencia se encuentra en los planteamientos programáticos de la Nueva Mayoría (coalición que ganó las elecciones y en el que participa el PSCh)? Eso también creo debería ser revisado por el gacetillista de La Nación. Como parte del infierno en que, supuestamente, se va a desatar, provocará que se aumenten los impuestos, lo que a su vez conllevaría a una desbandada de la inversión extranjera. Se supone, por lo que trata de hacernos creer La Nación (más bien, a la oligarquía que representa), es que esos males sólo suceden en Venezuela, Nicaragua y Argentina, siendo Chile más moderado y respetuoso del sacrosanto libre mercado. ¿Será tan cierto?

Una vez más la realidad parece que conspira en contra de esa empresa. Ante todo, empieza por reconocer que el modelo que se impulsó en Chile, y que por aquí parece ser tan querido, está agotado:
“...Chile ha entrado en una nueva etapa de su desarrollo en la cual la ecuación de mercado y Estado se deben readecuar. Los bienes públicos aparecen como una demanda social que devela la profundización de carencias en diversos ámbitos, así como de los resultados en materia de abusos y desprotección al que se enfrentan hoy los ciudadanos” (pag. 92). 
Para lograr ese objetivo, la Nueva Mayoría propone, precisamente, una reforma fiscal que, en mucho, se asemeja a la que plantea Frente Amplio para Costa Rica. Sintéticamente:
  1. Transformación del impuesto de primera categoría en un impuesto a las empresas. Universalizar el pago de impuestos sobre rentas devengadas.
  2. Eliminar todos los tributos sobre rentas presuntas y gravar las rentas reales.
  3. Reducir radicalmente el gasto tributario. Incluir como parte de la renta las ganancias de capital que benefician a personas físicas y jurídicas.
  4. Revisión profunda de la aplicación del royalty a la minería y de impuestos específicos a las utilidades extraordinarias que obtienen las empresas extractivas.
  5. Aplicar eficientemente un sistema de impuestos a bienes como el alcohol y el tabaco.
  6. Modificar el IVA que pagan los bienes de la canasta básica para beneficiar a los hogares de menores ingresos.
  7. Gravar toda operación de crédito en dinero e implementar la tasa Tobin que la sustituiría.
  8. Aplicar un modelo de impuestos a los combustibles que considere elementos de orden ambiental.
  9. Revisar el impuesto territorial como único impuesto existente. Aplicar un sistema de revisión de la valorización de los bienen inmuebles agrícolas y no agrícolas. Aplicar sobretasas en el caso de valores muy elevados “...debido a gran tamaño o lujos desmedidos.”

La presidenta Bachelet con los diputados del
Partido Comunista de Chile Manuel Ballestero,
Camila Vallejo y Karol Cariola. El PCCh forma
parte de la Colaición Nueva Mayoría y La Na-
ción no mencionó nada al respecto.
Muchas de estas propuestas no se alejan, en su inspiración de las que ha planteado Frente Amplio. Entonces, ¿dónde radica la diferencia? ¿Por qué de Chile no se van a desbandar los inversionistas pero sí de Costa Rica? ¿Será que ahora Chile se convertirá en Venezuela?

Lo que sí es cierto es que la izquierda latinoamericana, con diferentes variantes y visiones, insertadas en diferentes realidades y contextos de desarrollo histórico y social, van llegando a la misma conclusión general; el modelo neoliberal no ha logrado, en ningún lado, cerrar las brechas de desigualdad y pobreza. Tanto que el motivo de orgullo de aquellos países que aún se aferran a esta concepción, es que la pobreza se mantenga estancada. En Costa Rica pasa exactamente lo mismo, así que no debería el editorialista hacer comparaciones, y sobre todo, suposiciones tan a la ligera y de manera tan terrorista.


Creo, sinceramente, que hoy por hoy, si triunfa el Frente Amplio, podríamos estar más cerca de Santiago que de Caracas y Managua.

domingo, 12 de enero de 2014

Rompimiento del tope de cesantía y la lógica adultocentrista del discurso hegemónico.

El adultocentrismo en nuestra sociedad no sólo afecta las relaciones entre generaciones, se traslada también a ciertas intenciones en el discurso político. Y esto se ve reflejado con claridad en esta campaña electoral, sobre todo en ciertos temas y desde ciertas posiciones del espectro ideológico.

Ningún partido escapa a esta impronta, es cierto, pero también lo es que en algunos casos se asume autocríticamente y en otras ni siquiera es un elemento que se perciba como tal. Hay una naturalización de esta lógica y se da por sentado que siempre ha sido así y siempre así será.

En La Nación y otros espacios mediáticos, se ha posicionado una tendencia de parte de ciertos intelectuales orgánicos del bloque hegemónico de “explicar y valorar” ciertas propuestas programáticas del Frente Amplio. Pero estas aparentes acciones pedagógicas, parten de una visión y concepción de que la población en su conjunto es una especie de ser incapaz. Es la misma visión que se tiene, dicho sea de paso, de la niñez y la adolescencia (y a veces extendida a la juventud) como un estadío del desarrollo humano en que la persona no es capaz de tomar decisiones por sí misma, y por ello, debe ser guiada y orientada para que no se descarríe.
¿Será así como ven a la
gente en ciertos medios?

Es por ello que esos escribidores “neutrales” un día sí y otro también más que explicar razones, dictan conclusiones. Le dicen a las personas que es lo que tienen que pensar y decir. Al fin y al cabo, ellos son la voz que los va a encarrilar por la senda correcta... Pero sin decirles hacia donde lleva esa senda.

Uno de esos temas en los que han hecho su dictado discursivo es el caso de la propuesta del Frente Amplio del rompimiento del tope de cesantía. Sin entrar a analizar y explicar el contexto, casi que ineludiblemente los escribidores de La Nación siempre empiezan por la conclusión: van a quebrar a las empresas privadas y al erario público. Ya lo que viene después no importa, papá habló y sus chicos obedecen. ¿Recuerdan como terminaban muchas veces las discusiones con nuestros padres: “Ya dije y punto.”

Al menos yo no creo que la gente sea incapaz, ni mucho menos. Creo que si se le brinda la información adecuada es capaz de tomar decisiones por sí misma. Añoro que el debate político se basara más en contraponer ideas y argumentos, pero como la vida es sueño, dejadme dormir feliz.

¿Qué se obvia en el debate?

Efectivamente, existe en el programa del Frente Amplio la propuesta de romper el tope de cesantía, para que no se reconozcan los años de vinculación laboral en una empresa y no un máximo de ocho años como hasta ahora. Los argumentos y razones son estas:

  1. Existe en nuestra Constitución Política, desde que se aprobó en 1949, una estipulación de que se deben crear seguros de desempleo. Nunca se ha cumplido esa norma, al menos, como se implementó (aunque venida a menos) en los Estados de Bienestar europeos, sobre todo. En esos Estados, a quienes no logran acceder a un empleo se les brinda un subsidio para, al menos, garantizar sus condiciones mínimas de supervivencia. En el caso costarricense, existen dos formas de carácter universal. La primera consiste en lo que se llama el Fondo de Capitalización Laboral (FCL), que se acumula como parte del Régimen Obligatorio de Pensiones Complementarias. Este FCL lo puede retirar la persona en caso de haber perdido su trabajo. El problema es que su monto nunca es lo suficientemente alto como para cubrir las necesidades a largo plazo. El segundo es el llamado auxilio de cesantía, que es el tema en debate.
  2. El auxilio de cesantía contempla, actualmente, que en caso de despido injustificado
    (sin que medien causales imputables a la persona trabajadora, o sea, por simple y llana voluntad del patrono), se le debe reconocer el equivalente a un mes de salario por cada año laborado hasta un máximo de ocho años. O sea, si alguien ha trabajado veinte años y un día hacen una “reorganización administrativa” (eufemismo para no decir despido sin causa válida), solamente le darán ocho meses de salario como compensación. Vale decir que muchas instituciones autónomas y municipalidades han negociado con sus trabajadores(as) rompimientos de esta norma, y hasta ahora, no han quebrado.
  3. En buena teoría contable, se supone que cada empresa y patrono debe hacer una reserva para cubrir ciertas obligaciones de carácter legal para con sus trabajadores(as). Las vacaciones, el aguinaldo y la cesantía son tres casos concretos. Por supuesto, esta reserva, si es bien manejada, puede significar a su vez una fuente de ingresos vía inversión financiera.
  4. En caso de renuncia o despido por causa justa (causales que están contempladas en el Código de Trabajo), este auxilio no se cancela. Si la empresa ha hecho la reserva, entonces, al extinguirse el contrato laboral por estas circunstancias, simplemente puede disponer del dinero de forma libre e inmediata.


Lo que sí parece para mí claro es que hay un temor a mejorar las condiciones de garantías y
protección a las personas trabajadoras. Parece ser que una parte de nuestra oligarquía económica considera que lo hecho hasta ahora basta e incluso es demasiado. Demasiado porque merma su capacidad de acumulación de capital, demasiado porque, otra vez con una visión adultocéntrica, ven con malos ojos que esos incapaces trabajadores(as) actúen de manera tan caprichosa y no consideren los “sacrificios” que hacen para con ellos. ¿Cuántas veces no hemos oído discursos similares cuando una madre reclama a sus hijos(as) de que “Ustedes no valoran lo que yo hago”?

viernes, 10 de enero de 2014

Leyendo a La Nación con Antonio.

Confieso que soy poco ecléctico en cuanto a los referentes teóricos que trato de usar para, a la luz de sus planteamientos e ideas, tratar de entender la realidad. Me cuesta brincar de uno a otro sin mayor recato; a quienes lo hacen siempre los he visto como una especie de trapecistas, pero que hacen sus maniobras sin red.

Uno de estos referentes es Antonio Gramsci. Su trabajo sobre hegemonía y contra hegemonía siempre me ha parecido no sólo pionera para el entendimiento de la Política, también es lo suficientemente flexible como herramienta de análisis.

El rol que está jugando La Nación en esta campaña electoral (siempre lo ha hecho, pero en esta más), es un caso casi que ideal en cuanto a poder usarlo para ilustrar lo que son los agentes hegemónicos. Gramsci mencionaba que existen agentes hegemónicos que, siendo cajas de resonancia de los esfuerzos de moralización de la clase
dominante, van inculcando una serie de valores entre la clase dominada, algo que él llamaba “hombre colectivo” [1]. Conseguido este objetivo, la explotación y el mantenimiento del status quo de relaciones son aceptadas. Por supuesto que el proceso no es tan mecánico y mucho menos irreversible, pero cuando opera, es eficiente.

Estos agentes hegemónicos pueden ser varios, los más importantes la escuela, la prensa y la Iglesia. La escuela es en mi concepto donde más recia se da la lucha entre el esfuerzo hegemónico y el contra hegemónico. La Iglesia en algunos casos puede estar contrapuesta con los valores que trata de inculcar la clase dominante por su conservadurismo. En el caso de la prensa, es mucho más claro el esfuerzo moralizador. En Costa Rica, los principales medios son propiedad de la misma clase dominante, o sea, actúan de forma claramente intencionada a sus intereses.

La prensa, a través de lo que se ha dado en llamar la
“opinión pública”, abre espacio para la acción de los intelectuales orgánicos de la clase dominante. Estos intelectuales orgánicos, actores clave en la construcción de ese hombre colectivo, se manifiestan principalmente en los editoriales de los medios o bien en artículos de opinión.

¿Se puede observar este fenómeno en La Nación? Evidentemente sí. Cada día se pueden leer artículos firmados por esos intelectuales orgánicos. No sólo se trata de exhibir nombres que ya han sido posicionados en el sentido común como expertos autorizados, se acompaña el nombre, casi siempre, con una referencia a su titulación académica (una forma de decir “yo sé”) o bien con una filiación a una organización (no importa si es conocida o no, con un nombre rimbombante basta). Prácticamente todos estos artículos versan en lo mismo: hay un partido, el Frente Amplio, que parece ser la suma de todos lo que no es aceptable, son unos inmorales que se alejan de lo que es deseable. Y de paso, se deja claro que si Usted no quiere ser un amoral, debe abrazar los valores que ellos propugnan.

Parten del hecho de que el estado actual de cosas es el correcto, es el moralmente aceptable. Pero detrás de esos supuestos valores únicos (¿manifestación de la verdad única?), lo que se busca es mantener las condiciones de reproducción de la clase dominante y las de acumulación. Ni más ni menos.

¿Es inevitable todo esto? No. El mismo Gramsci lo
mencionaba cuando planteaba la posibilidad de construir una nueva hegemonía o contra hegemonía. Y en ese plano es que se ubica hoy la lucha política e ideológica. Solamente haciendo esfuerzos sostenidos de parte de todo el partido, es que se podría debilitar la acción de construcción hegemónica de la clase dominante.

El riesgo que se corre en estos momentos es que si la hegemonía falla, la clase dominante eche mano del blindaje natural de ella, la coerción y la represión. Represión no como acción militar o violenta en contra de la corporalidad de las personas, pero sí como una agresión a las personas como sujetos de derechos, un rompimiento de las reglas del juego. ¿Cómo? Bueno, la posibilidad de intentar micro fraudes puntuales, de utilizar el terror y la intimidación por apoyar el Frente Amplio son una probabilidad realista. La cuestión es, ¿la aceptaría fácilmente el grueso de la población costarricense? Porque al fin y al cabo, mucho del discurso hegemónico se ha fundado, en Costa Rica, precisamente en la defensa de la democracia liberal. ¿Se animarán realmente a romper con su mismo código de valores? Esperemos que no.


[1] Mantengo la denominación original de Gramsci, aunque creo que debería eliminarse el sesgo sexista del lenguaje y denominarse “persona colectiva”. 

miércoles, 8 de enero de 2014

Esta es mi herencia. ¿Por qué avergonzarme?

Como se preveía, la oligarquía ha dado la orden a sus agentes políticos, nucleados en torno a los partidos de la derecha y el neo conservadurismo, de abrir fuego con la munición del anticomunismo.

Así como una madre frustrada porque no logra dormir a su bebé amenaza con que si sigue despierto se lo come el coco, hoy que mucha gente está despierta en lo político, la amenazan con que llegará el “comunismo”.

No les ha bastado endosarle este adjetivo a José María Villalta, candidato de la expresión de izquierda Frente Amplio. Ahora le atizan a la hoguera del terror que su partido es “heredero del partido comunista”. Eso sí, sin explicar en que consiste esa herencia. Y como yo soy, parece, partícipe de esa herencia, con gusto y orgullo diré que he heredado.

En principio heredé un compromiso social libremente adquirido. Participo en Política porque creo que los ideales de justicia, igualdad y fraternidad son los pilares sobre los que debemos fundar las relaciones sociales. Nunca medí ni calculé, y conmigo miles de otras personas, que por mi vinculación lograría una ventaja en lo social y mucho menos en lo económico.

Heredé también, el ejemplo de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Ivonne Clays, la primera esposa de Calderón Guardia, es quien mejor lo expresó:
"Un día yo le reclamé [al doctor Calderón Guardia] que Manuel Mora tenía vía
libre en la Casa Presidencial, y que pasaba a verlo antes que muchos amigos que ya estaban molestos por su amistad con Manuel Mora [...] le sucedía a personas digamos de sociedad, del Club Unión, como Juan Dent [...] Pero entonces me volvió a ver, pensó un ratito lo que iba a decir y por fin se decidió: ¿Sabe por qué soy así con Manuel?, porque es el único que yo no puedo comprar" (el destacado es mío).
[1]
Heredé un compromiso con la palabra empeñada. Al igual que en el pasado, nunca hemos traicionado un pacto. El mayor ejemplo de esta postura fue durante la década de los cuarenta, cuando empeñamos nuestra palabra con la Iglesia Católica de no atacar sus postulados y la mantuvimos, a pesar de que un día sí y otro también desde los púlpitos sacerdotes llamaban al odio y exterminio de quienes militaban en la izquierda.

Heredé la convicción de que cualquier acción política debía tener en cuenta, sobre todo y ante todo, a nuestro pueblo, a su gente. Nos reprimieron, nos atacaron, nos asesinaron compañeros por el simple y llano delito de ser de izquierda. El Codo del Diablo guarda aún los ecos de los disparos asesinos. Y ante este escenario, optamos por no responder de igual manera. Y no fue un acto de cobardía, por el contrario, fue un acto de gallardía para evitar que la derecha lograra su objetivo, sumirnos en un ambiente de represión abierta e indiscriminada.

Heredé una vocación de creer que la vía pacífica vale más que cualquier aventurerismo armado. Por ello es que en los largos años de la clandestinidad, quienes construyeron mi herencia, lucharon por lograr eliminar la infame norma constitucional que no permitía nuestra participación electoral. Quienes me dieron este legado me enseñaron que se puede ser fiero en el combate armado, como lo testimonian nuestros mártires en la lucha contra Somoza en solidaridad con el pueblo nicaragüense, pero también se deben guardar las armas y tomar el arado cuando la guerra ha acabado.

Heredé luchas y gestas que marcaron un antes y un después en la historia nacional. La Caja Costarricense del Seguro Social y las garantías sociales siempre valieron más que los intereses partidarios. Por ellas mis antecesores hicieron concesiones que muchas veces no se comprendieron, incluso, en la misma izquierda. La decisión de disolver el Partido Comunista Costarricense y pactar con Monseñor Sanabria son prueba de ello.

De esa herencia no me arrepiento ni me avergüenzo. Por el contrario, la atesoro y la aumentaré para darla a otros(as).


[1] Villegas-Hoffmaister, G. (1985). El otro Calderón. San José: Casa Gráfica.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Campaña atípica o campaña como debería ser?

¿Cómo calificar la actual campaña electoral? Tal vez el adjetivo que más he oído es el de atípica, pero, ¿en qué es atípica? Supongo que esta pregunta, con sus derivaciones, se convertirá en un tema de la agenda de investigación académica de los próximos años, y mientra tanto, quisiera dejar algunas miradas sobre ella.

El primer elemento importante de señalar es la baja saturación de publicidad (o mercadeo como gustan decir los “golden boys” de las relaciones públicas -sea lo que eso sea-). La indecisión de la Sala Constitucional en resolver respecto a los bonos de deuda política y los alcances de la sentencia, impidieron que los partidos políticos volcaran sus recursos hacia los comerciales en televisión, anuncios en la radio y las páginas a todo color en la prensa escrita.

Esto obligó a los equipos de campaña a tomar decisiones que, bien vistas, fueron un regreso a un deber ser democrático. Se supone, o eso es al menos el discurso hegemónico, que la democracia se debe fundamentar en la libre decisión de las personas. El supuesto, o al menos el valor mentado, es que se deben confrontar ideas y planteamientos y, a partir de un ejercicio reflexivo, cada persona toma la decisión de votar por una u otra opción política.

Claro está que este valor mentado se trastoca cuando entra en juego el mercadeo. Se asume una realidad diferente que parte del supuesto schumpeteriano de que las elecciones son una especie de extensión del mercado y, por consiguiente, cada candidato es un producto a vender (aunque sea como muchas veces se venden las cosas, mediante el engaño o las verdades a medias agregaría yo). Se crea entonces el mito hegemónico de que cada quien votó según su conciencia. Ese mito, sin embargo, se destruye o se falsea, sobre todo en los últimos años, cuando rápidamente se pierde la legitimidad de ejercicio del poder político. Pero el mismo sistema tiene un presupuesto fatal, hay que esperarse a que termine el período para castigar y reclamar lo que no se hizo. Lo único que interesa es la legitimidad de origen.

El principal espacio para poder llegar con un mensaje a la población han sido los debates, mesas redondas y similares. Algunos candidatos han acudido de manera constante a cuanto debate le han invitado, algunos a menos y en el caso del candidato del oficialismo, prácticamente a ninguno. Pero quienes organizan y asisten a estos eventos resienten la ausencia.

Un segundo elemento, ligado al anterior, ha sido las redes sociales, como por ejemplo Facebook y Twitter. Ya en la primera elección en que resultó electo Obama, en Estados Unidos, el fenómeno de las redes sociales quedó patente. Son un medio de comunicación que, bien manejado, permite llegar a miles de personas simultáneamente y en poco tiempo. En Costa Rica esta elección marca un hito en el sentido de que es la primera en que estas plataformas de interacción tienen una preponderancia que antes no tenían.

Creo poder determinar al menos dos causas para esto. La primera es que esa generación de la Internet ha irrumpido en el escenario electoral, ya no como adolescentes, sino como votantes. Quien en el 2010 tenía 16 o 17 años, y no pudo votar, hoy cuenta con 20 o 21 y lo hará por primera vez. Súmele el grupo de edad de 19 y 18 y tendremos una masa nada despreciable. La segunda causa es la irrupción de la tecnología de telefonía móvil que permite el acceso a Internet sin depender de una computadora y un modem fijo. Basta con observar a su alrededor mientras viaja en bus, espera para un trámite o, incluso y para tortura de los(as) docentes, mientras se imparte una clase. La gran parte de las personas están pegados a su teléfono celular, muchos, chequeando sus cuentas de redes sociales.

En este campo, por mucho, José María Villalta y el equipo de campaña del Frente Amplio han demostrado una capacidad de acción muy grande. Sus publicaciones han sido con un claro sentido de comunicación política, pensando siempre en llevar algún tipo de mensaje. Sin serlo totalmente, es una acción pedagógica de una u otra manera. Su principal contendiente, el oficialista Johnny Araya, sin embargo, parece no haber entendido esto. Es evidente que la compañía que le maneja sus cuentas de Facebook, por ejemplo, nunca ha entendido que una cosa es un político en campaña y otra muy distinta son las relaciones de un artista pop con sus fans. Y esto es lo que ha pasado con Araya; mensajes sosos, sin ningún sentido, deseando una feliz mañana o diciendo lo feliz que se siente de llegar a casa, lo cual es comprensible ya que está recién casado... por cuarta vez pero siempre debe ser emocionante.


Estos elementos, entre otros (por ejemplo las encuestas o el papel de la prensa, pero eso es tema de otro túnel) han obligado a los expertos (porque son masculinos casi que todos) a decir que esto es “atípico”. Y la mayor atipicidad es que al día de hoy la tendencia es que el candidato del oficialista Partido Liberación Nacional ha ido bajando en la intención de voto y el candidato del Frente Amplio, José María Villalta, ha aumentado su intención de voto. Lo que a principios del 2013 parecía ser una especie de España vs. Tahití político, con goleada incluida, se ha convertido en una final cerrada de dientes apretados, como le gusta decir a mi amigo Héctor Solano. ¿Cómo es posible que un partido de izquierda, que hace cuatro años tuvo tan sólo un 0,5% de votación presidencial, hoy esté en empate técnico con el PLN, la mayor y más aceitada máquina electoral? Bueno, tal vez la explicación habría que empezar a buscarla en que, al contrario de otras campañas, las personas sí están haciendo uso de ese valor mentado, la libre y meditada decisión de por quién se debe votar.

jueves, 7 de noviembre de 2013

¿Cómo se construyó el Plan de Gobierno del Frente Amplio? Contra REPRETEL

En el anterior túnel de esta madriguera, trataba de presentar lo que a mi modo de ver constituyen elementos generales del anticomunismo como praxis hegemónica-represiva de los sectores dominantes en una sociedad y, específicamente, en el contexto de la campaña electoral costarricense que se está desarrollando.

Desde ese momento a ahora, ha continuado operando desde diversos medios y, como es de esperarse, los medios de comunicación vinculados a la burguesía, se han hecho eco y caja de resonancia. No pudiendo obviar el evidente crecimiento del Frente Amplio, como opción de izquierda, han optado por activar lo que mi amigo Paulo Murillo denominó el “anticomunismo cultural”, o sea, activar ese consenso creado en torno a las opiniones de la burguesía para mantener el estatus quo inalterado.

Uno de estos casos me alude personalmente y creí necesario poder dejar plasmado los elementos que permitan desenmascarar la maniobra. El 6 de noviembre, José María Villalta como candidato presidencial del Frente Amplio, participó en un video chat organizado por Repretel, una de los compañías que monopolizan la televisón abierta en Costa Rica [1]. En la nota que suben a su sitio web, destacan que Villalta “...aseguró que el sandinismo de Daniel Ortega no le aporta nada a su plan de gobierno.” [2]. Junto con la nota escrita, se acompaña un pequeño video, de 1 minuto y 22 segundos y lo que se transcribe son dos temas: por un lado la cuestión de la relación del candidato con la Iglesia católica y la cuestión del programa de gobierno.

No me creo que esto sea lo que realmente le interesa a la gente que busca tomar una decisión informada (aunque sean muy pocas). Por un lado, una cuestión que corresponde al ámbito estrictamente personal e íntimo. Si él, o cualquiera de los otros aspirantes, son ateos, musulmanes, cristianos o taoístas es algo que nos debe traer sin cuidado salvo que sus creencias religiosas sean trasladadas como el rasero para la toma de decisiones en el ejercicio de un puesto público. Sólo en ese caso sí nos debería traer con cuidado. Y nos trae a algunos con personajes de un tufo claramente fundamentalista como lo es Justo Orozco.

El otro aspecto, lo de sí el programa de gobierno del Frente Amplio es “dictado” desde el extranjero, específicamente, por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, no parece tener ningún asidero lógico para siquiera afirmarlo. En ambos casos, lo que se han manifestado son mecanismos de discurso anticomunista. Por un lado tratar de desacreditar la moral de una persona, en el tanto sólo se ha creado la representación de que Comunista = Ateo = Inmoral. ¡Pavadas! Por otro lado, el querer presentar a la izquierda, sin adejtivos, como simples peones de países extranjeros y, por consiguiente, “traidores a la Patria”. ¡Pavadas!

LA VERDAD SOBRE EL 
PROGRAMA DEL FRENTE AMPLIO

Reunión de la Comisión de Programas con Jor-
ge Vargas Cullel y Leonardo Merino del Progra-
ma Estado de la Nación. De izquierda a derecha:
Jonathan Acuña, Leonardo Merino, Jorge Vargas,
Rocío Alfaro, Sergio Reuben y el autor.
Lo cierto de todo esto es que el programa de gobierno del Frente Amplio ha sido una experiencia llevada a cabo sin ninguna injerencia externa. Y a partir de aquí ya no escribo como un observador externo, lo hago como un actor del proceso mismo. Porque me tocó el honor de poder coordinar la Comisión de Programas durante las primeras fases de su construcción. Es por ello que voy a explicar varios elementos.

Un equipo de cinco personas nos reunimos, de forma voluntaria, para tratar de iniciar el trabajo de poder contar con un programa de gobierno para las elecciones del 2014. Partimos de varios principios orientadores:

  1. Se trataba de construir un programa de gobierno. Como tal, debía manifestar de forma clara aquellos elementos de la realidad sobre los que se debía incidir de manera prioritaria en el período de cuatro años que podría tener un gobierno del Frente Amplio. Por tanto, no se trataba de elaborar una “carta al Niño” y tampoco se pretendía presentar un programa revolucionario.
  2. Se parte también de que el Estado costarricense ya tiene una cierta inercia en su accionar. No es posible pensar en detener su accionar, borrar todo y reiniciar el sistema, no hay botón de Reset. Esta inercia implica también que ya existen ciertos programas y políticas sociales que operan de manera correcta, por lo que tampoco se trata de plantear en todos los temas la última solución.


A partir de esas premisas se planteó la pregunta de , ¿partimos de cero? La respuesta fue que no. Frente Amplio ya acumula sus buenos 7 años de existencia. Se posee un estatuto orgánico que enuncia de forma clara y precisa sus valores orientadores. También existen conclusiones y resoluciones del I Congreso que marcaron las líneas maestras de la acción política del partido.

Reunión con personal de FUPROVI.
Por el Frente Amplio participaron
Jonathan Acuña, Fainier Candamo y
el autor (ausente en la fotografía).
Durante estos 7 años ha tenido representación en la Asamblea Legislativa y sus dos diputados, José Merino del Río y el mismo Villalta, han presentado en conjunto más de 100 proyectos de ley. Por último, se tenía el discurso en que Villalta hizo público su aspiración presidencial, que dió a los pies del Monumento Nacional y que desde entones así lo denominamos en la Comisión de Programas, el Discurso del Monumento Nacional.

Iniciamos, entonces un proceso de identificación de los temas en los que se ya existía una elaboración y los elementos que se identificaron como los prioritarios por parte de Villalta. De su identificación se elaboró entonces, una matriz básica sobre la que se organizara el programa como tal.

Asimismo, se logró detectar en que aspectos deberíamos elaborar de forma colectiva, bien para lograr completar las propuestas, bien para plantearlas en aquellos temas en que fuera muy básico lo hasta ese momento elaborado. Con ello se logran identificar 14 ejes programáticos fundamentales.

Ya en este punto se inicia el proceso de consulta. Se distribuyó un documento base sobre el que se invitó a diferentes personas a que hicieran planteamientos para mejorar el programa. Los aportes fueron múltiples y se analizaron a la luz de los valores del estatuto y las mismas conclusiones delya mencionado I Congreso. Con estos aportes se elabora un segundo documento.

Paralelamente, se mantuvieron contactos y reuniones con el Programa del Estado de la Nación y con FUPROVI, en ambos casos sus aportes lanzaron nuevas miradas desde otros ángulos y permitieron redondear aún más nuestro objeto de trabajo.

El borrador base del programa se entregó a la Comisión
Vista de la sesión de la Comisión Política en la que
se entregó el borrador base del Programa de Gobierno.
En la mesa, de camiseta negra, Daniel Cerdas, miembro de
la Comisión de Programas. De espaldas, a la izquierda,
Sergio Reuben y el autor, miembros de dicha Comisión.
Política del partido en sus sesión de agosto (sesiona una vez al mes, el primer sábado de cada mes). Desde el Comando de Campaña se inicia una tercera fase, en la que se tratan de introducir las propuestas que la ciudadanía efectuó en el sitio web de José María Villalta [3]. Talvez esta fase ha sido la que ha entrabado el proceso final. La ciudadanía efectivamente está ávida de hacerse oír y en un acto de seriedad ante este reclamos, se han tenido en cuenta sus propuestas, analizándolas para introducirlas si es del caso. Y ello nos ha retrasado.

Quién se atreva siquiera a insinuar que recibimos un dictado desde el extranjero está, sin lugar a dudas, mintiendo de la manera más descarada que sea posible. O simplemente se ha inspirado en Goebbels.

NOTAS

[1] En Costa Rica se puede afirmar que la televisión abierta es un oligopolio ya que dos compañías controlan buena parte del espectro. Teletica es dueña del canal 7 y el 33, así como de la compañía de cable Cabletica. Por su parte Repretel controla el canal 4, el 6 y el 11. Existen otras compañías pero su participación es marginal. Canal 13, que es propiedad del Estado, opera más como una televisora privada o como simple vocero del gobierno.





sábado, 26 de octubre de 2013

El terror como arma política del PLN.

El anticomunismo, como una práctica ejercida en el campo sociopolítico, ha tenido diferente expresiones y ha sido ejecutada por diferentes actores a lo largo del siglo XX y, aunque mucha gente no lo quiera aceptar, se mantiene bastante vivo (por desgracia) en lo que llevamos del XXI. Ninguna sociedad parece escaparse, incluyendo la costarricense. En el contexto de la actual campaña electoral, surge con fuerza y parece que se instaurará a lo largo de la misma. Una situación que seguramente será estudiada en el futuro cercano por parte de quienes se dedican al oficio de la Sociología y de la Ciencia Política. Una situación, también, que puede estar acercando una fósforo encendido a un barril de pólvora.

¿Qué es el anticomunismo?

La verdad, esta es una de esas categorías que todo el mundo sabe que existe, pero que cuesta un mundo definirla en pocas líneas. Yo me incluyo, así que trataré de acercarme al concepto a través de ciertos rasgos característicos.
  1. El anticomunismo siempre es ejercido por parte de aquellos sectores políticos y económicos que ven amenazada su hegemonía por el ascenso de fuerzas y movimientos que cuestionan el status quo, y a su vez, proponen una cambio de curso que les afecta en su capacidad de ejercicio del poder y de acumulación de capital.
  1. El anticomunismo no se dirige específicamente en contra de los partidos comunistas. Ni siquiera se dirige en contra de los partidos de izquierda. Pero en su discurso y accionar, cualquier movimiento o partido que se oponga a lo que mencionábamos en el punto 1 se le endosa la etiqueta de “comunista”.
  1. A los partidos y movimientos objeto de las prácticas anticomunistas se les presenta, casi que de manera sistemática, como fuerzas que responden a las directrices de países extranjeros. Con ello se trata de crear una asociación que, ante los ojos de la sociedad, sea deslegitimadora: Comunista = Traidor. Estos países han ido variando a lo largo de la Historia, siendo lo que Chomsky calificaba como “rough countries”. Son aquellos países que la maquinaria de propaganda de los Estados Unidos califica como países peligrosos. En un inicio fue la URSS. Para América Latina; Cuba, Nicaragua y ahora Venezuela.
  1. Al crear una representación de que los “comunistas” se han alejado de la normalidad (por supuesto, su normalidad), se justifica el eliminarles. En algunos casos extremos se llegó a la eliminación física (Indonesia, Chile, Argentina, Brasil, Guatemala, etc.); en otros se justificaba su eliminación política. En cualquiera de esos casos, las prácticas de eliminación implicaban, también, el establecer un sentimiento de terror entre la población. Se trata, en última instancia, de cerrar el paso y mantener el status quo.
  1. Por último, en todos los casos que conozco, hay tres
    actores internos y, normalmente, uno externo claramente identificables, aunque la intensidad de su participación puede variar, así como la forma en que lo hacen. En los actores internos identifico a las fuerzas militares o policíacas (incluiríamos a los cuerpos paramilitares) que representan el componente de represión; la iglesia, fundamentalmente la católica y los sectores económicamente dominantes, usando para ello estos últimos, la prensa como agente para los efectos propagandísticos. En los externos, usualmente, podemos ubicar a un país del capitalismo central con fuertes vínculos económicos, políticos e históricos con el país en que se da. Así, por ejemplo, podemos poner el caso chileno entre 1971-1973, en que todos estos actores se manifestaron de manera palpable. O en el pasado más cercano, el caso hondureño.
COSTA RICA NO ESCAPA AL MAL.

En Costa Rica siempre se han dado unas prácticas de
Durante la década de los 80
el Movimiento Costa Rica Li-
bre, de inspiración fascista, fue
una especie de brigada de cho-
que del gobierno Monge Alvarez.
Mucha gente debe recordar to-
davía cuando apedrearon una
caravana por la paz en Centro
América ocurrida en el Albergue
Toruma en Los Yoses; con la
complacencia de la policía.
inculcación de terror entre la población, apelando a la “amenaza roja”. Eso no nos debe extrañar, ya que de alguna manera desde 1948 se instauró en el imaginario social la figura del “caldero-comunismo” como una especie de íncubo. Durante la década de los ochenta, y principalmente en el período Monge Alvares (PLN, 1982-1986) y en el Arias Sánchez (PLN, 1986-1990); la arremetida contra las fuerzas que buscaban una alternativa, aún en el marco del sistema democrático, eran muchas veces tildadas de “peones” y, por consiguiente, satanizadas de todas las maneras posibles.

Durante los noventas, sin embargo, el momento histórico hizo que las justificaciones que llevaban a mantener viva esta forma de control social fuera perdiendo vigencia y credibilidad. La desaparición del bloque socialista soviético, el debilitamiento de la Revolución cubana, arrinconada al extremo de tener que tomar medidas extremas para su supervivencia, la derrota electoral del FSLN en Nicaragua, eran indicadores de que, aparentemente, la Historia se había acabado. En el ámbito nacional, se da la desbandada de los partidos de izquierda y en muchos casos, la misma apostatía de sus militantes.

Sin embargo, y a pesar de las fanfarrias de triunfo, la izquierda tuvo una capacidad de realizar una autocrítica y una revisión de su pasado. Eso es lo que no se esperaban los neoliberales que se consideraban vencedores. Surge una nueva generación que llega a conclusiones por sí misma, al margen de lo que podríamos considerar (como era) la “doctrina oficial” que se inculcaba en muchos partidos de izquierda. Esta generación comienza a descubrir que los métodos de comprensión de la realidad, inspirados en el marxismo (como sistema, repito), eran válidos. Y también llegan a plantear nuevas formas de tratar de alcanzar los grandes anhelos del socialismo.

Sólo así se puede explicar el surgimiento de gobiernos de izquierda en toda América Latina. La primera década del siglo XXI creo pasará a la historia como la década del quiebre. Surgen gobiernos de izquierda, así en términos genéricos, en países tan disímiles en su forma de implementar las medidas como El Salvador, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Honduras y Paraguay. En todos ellos, por cierto, mediante procesos electorales que han sido reconocidos como limpios y aceptados por la comunidad internacional. Se rompe un paradigma que decía que un gobierno de izquierda sólo llegaba mediante la vía militar y usando a manera de receta una serie de medidas fácilmente predecibles (por ejemplo, la estatización de la propiedad).

En el caso costarricense, esa nueva generación recibe un bautizo de fuego durante las jornadas contra el llamado Combo del ICE en el año 2000. Y se termina de galvanizar durante la campaña del referéndum sobre la aprobación o no del TLC con Estados Unidos. Y es en este contexto que, sumado a la masiva movilización por parte del Movimiento del NO, los sectores dominantes perciben que su control hegemónico está sufriendo una erosión importante. Y ante ello echan mano al arsenal del terror.

EL MEMORANDUM DEL MIEDO, PRIMERA EVIDENCIA.

En el marco de la confrontación que representó el
Fernando Sánchez (izquierda) y Kevin Casas
(derecha).
referéndum sobre el TLC, se fitró a la prensa copia de un memorándum que dirigían a los hermanos Arias Sánchez (Oscar presidente y Rodrigo, ministro de la Presidencia respectivamente) por parte de Kevin Casas (vicepresidente de Arias Sánchez) y Fernando Sánchez (diputado del PLN, el mismo de los Arias Sánchez). Básicamente era una síntesis de las líneas maestras que, según sus autores, debían implementarse para lograr la victoria de sus intereses, a saber, que se aprobara el TLC. El texto se puede leer en el siguiente enlace http://es.scribd.com/doc/3954620/Memorando-del-miedo .

Sin ningún tipo de pudor (¿cuando lo ha tenido el autoritarismo?) planteaban que debía llevarse a cabo una campaña de terror, o como lo denominaron Casas y Sánchez “estimular el miedo”. Cuatro ámbitos eran en los que había que sembrar el terror o el miedo (al fin, son lo mismo): Se perdería el empleo, se acabaría la democracia, hay injerencia extranjera y miedo al desgobierno. Una lectura detenida nos puede llevar a concluir que mucho de lo que propongo como elementos característicos del terror anticomunista se cristalizó en este documento.

Específicamente en la injerencia (supuesta porque jamás ocurrió) se planteaba, textualmente:
"Miedo a la injerencia extranjera en el NO. Hay que restregar por todas partes la conexión del NO con Fidel, Chávez y Ortega, en términos bastante estridentes. Es posible que este tipo de campaña pueda incomodar a alguna gente, pero es casi seguro de que puede tener un impacto considerable entre la gente más sencilla, que es donde tenemos los problemas más serios."
SIGUEN CON TEMOR, POR CONSIGUIENTE...

A pesar del triunfo en el referéndum, su capacidad de restablecer mecanismos de control hegemónico fuertes no se dio. Por el contrario, si bien se sobre estimó la capacidad de transformación del movimiento de los Comités Patrióticos, en cuanto su potencial real de transformación en fuerza política, a nivel individual sí permitió la politización de muchas personas, ante todo, jóvenes. Una politización que ha permitido que los partidos políticos progresistas vieran aumentadas sus filas.

Añadir leyenda
En el caso del Frente Amplio esta incorporación de gente joven no deja de ser evidente. Desde su mismo candidato presidencial, José María Villalta, ya hay un mensaje claro hacia la sociedad; con sólo 36 años y una trayectoria de compromiso e involucramiento en movimientos sociales y participación política, es reconocido como portador de esa nueva generación que ha irrumpido en la escena política. Su labor como diputado galvanizó la imagen de su partido como uno que enfrenta directamente al sistema. Sistema que por demás no sólo está debilitado en su capacidad de construir hegemonía, también está deslegitimado por su mismo accionar en el gobierno.

Pasar de un 0,5% en el 2010 a un porcentaje que oscila entre el 10 y el 15% debe haber sumido a los sectores dominantes en una profunda meditación. Y ante la realidad objetiva de que, como dice el mismo Villalta repetidamente, “no tiene rabo que le majen”, deja poco margen de maniobra.

Asimismo, Frente Amplio ha tenido la oportunidad de presentar sus propuestas programáticas, las cuales deben también haber agarrado a la derecha nacional con los pantalones abajo. No sólo se han manifestado en múltiples ámbitos, con propuestas bastante coherentes y realistas, también lo han hecho de manera que ha levantado un sentimiento de simpatía muy grande. Y para rematar, sin salirse del sistema mismo.

Ante esto, ¿cómo reacciona la derecha? Exactamente como debe estar pensando: sacaron del arsenal al anticomunismo y sus miedos. Así, la evidencia en que baso esta afirmación se dió el pasado viernes 25 de octubre. En la llamada Rotonda de la Libertad Electoral, frente al edificio del TSE, se llevó a cabo un debate entre los candidatos presidenciales mayoritarios. Junto a Villalta estaban los candidatos Araya (PLN), Piza (PUSC), Solís (PAC) y Guevara (ML). Como referencia, dos días antes, habían debatido estos mismos 5 candidatos en la Universidad Nacional, la conclusión del mismo, por parte de analistas orgánicos del sistema como Constantino Urcuyo, fue que el desempeño de Araya había sido pobre y el de Villalta excelente, logrando no solamente posicionar sus propuestas, también debilitar al candidato oficialista.

Estos antecedentes no pasaron en vano. El PLN movilizó, como es su costumbre añeja, un contingente de personas para que apoyaran a su candidato. Pero en realidad, más que apoyar a su candidato (lo cual es absolutamente comprensible), cada vez que Villalta tomaba el micrófono (era un programa de radio en vivo), este grupo se desgalillaba gritando un estribillo de clara inspiración Casas-Sánchez; “Chávez” “Chávez” era el grito, en alusión al fallecido expresidente venezolano Hugo Chávez.

"Lula" da Silva, expresidente del Brasil y funda-
dor del Foro de Sao Paulo.
Ese mismo día, por las redes sociales y en algunos medios de prensa, circuló una noticia que se titulaba, más o menos, que la Juventud Sandinista apoyaba a Villalta. Todo inició con una entrada en el sitio interactivo de CNN (I Report) por parte de una persona que, tomando parte de una declaración del Foro de Sao Paulo, este espacio manifestaba una valoración de que el neoliberalismo estaba sufriendo un retroceso. Y como ejemplo ponían, además de los gobiernos de izquierda que ya mencioné, el caso costarricense con el Frente Amplio. Y con intención nada clara, los medios de aquí la reproducen sin acudir a la fuente primaria de la noticia. Posteriormente, Rodolfo Ulloa (Secretario General del Frente Amplio) aclaró que se trataba de una manifestación mucho más amplia, que la información había sido manipulada y que si bien el FSLN y su juventud forman parte del Foro de Sao Paulo, también lo forman una gran cantidad de partidos, entre ellos, el PT de Brasil y el Frente Amplio de Uruguay (ambos en el gobierno).


Con este panorama, parece que la derecha costarricense y sobre todo el PLN, no les temblará la mano en sacarse de encima la piel de oveja y atacar al Frente Amplio con cualquier forma de verdad, media verdad o mentira absoluta, basadas en sembrar en la población el miedo. La pregunta que me hago es, ¿funcionará esta estrategia? Porque al PLN parece que se le ha olvidado un detalle, el FSLN forma parte de la Internacional Socialista (IS), de la cual ese partido también es parte. Y si las relaciones con el FSLN no son aceptables en el marco del Foro de Sao Paulo, ¿sí lo serían en el marco de la IS? Por el bien de muchas cosas, mejor que apaguen ese fósforo, no vaya a ser que la pólvora explote.