domingo, 30 de diciembre de 2012

1948: Una guerra que no ha terminado.


¿Cuándo terminó la Guerra Civil en Costa Rica? Decir en abril de 1948 sería un alarde de conocimiento en un país que se ha especializado en ver su historia en un vaivén que oscila entre una especie de Alzheimer colectivo (el olvido como un mecanismo de reforzar un mito de sociedad perfecta) y la catequesis (repitiendo exactamente lo que el poder quiere oír, o sea, su versión de la historia). Porque en nuestro país, en este idílico rincón del Universo donde nunca pasa nada como en otros lados, aún hay crímenes políticos disfrazados de delincuencia común y existen culpables que sin siquiera inmutarse nunca han pedido disculpas por esos hechos. Y al igual que en España, tenemos fosas comunes con los restos de costarricenses, más del bando perdedor que del vencedor, desperdigadas por la geografía nacional esperando por ser recuperados y entregados a sus familiares.

Hay que decirlo fuerte y claro; existe una deuda histórica y moral por parte de quienes vencieron en la contienda bélica de 1948 en reconocer, sin ambages, que se cometieron crímenes de orden político y de guerra en contra de, principalmente, militantes comunistas durante la contienda.

¿Porqué no se habla de la Masacre de Quebradilla? Sucedió un 13 de abril de 1948. 19 costarricenses y nicaragüenses, los últimos obreros bananeros, son sorprendidos en la finca de Juan Montealegre, por una patrulla comandada por un tal Jorge Montero. Inmediatamente comienza a separarlos por nacionalidades para ejecutar a los extranjeros. Raúl Molina “Molinón” lanza una frase que es un desafío y una profesión de convicción internacionalista, digna de su militancia comunista: “Aquí no hay ticos o nicas, aquí todos somos camaradas y nadie saldrá”. Son ultimados por ráfagas de ametralladora y enterrados en una fosa común. ¿Cuales eran sus nombres? He podido rescatar algunos: Raúl Molina Bolandi “Molinón”, Noé Carvajal Cabezas, Mario Sáenz, Rafael Angel Aymerich y Rafael Angel Rodríguez. ¿No es esto un crimen de guerra?

Croquis relativo a la escena del
Asesinato del Codo del Diablo
¿Porqué se presentan los Asesinatos del Codo del Diablo como un simple acto delictivo? Desde la historia oficial se hacen esfuerzos, cada 19 de diciembre, por obviar lo real; este fue un crímen político. Tobías Vaglio Sardi, militante comunista de Siquirres; Federico Picado Sáenz, diputado electo por Limón; Octavio Sáenz Soto, Alvaro Aguilar Umaña y Lucio Ibarra. Son montados en un “motocar” para supuestamente trasladarles a San José, ya que se encontraban detenidos simplemente por su militancia política. En un sector de la línea férrea conocido como el Codo del Diablo, son bajados y ametrallados por el capitán Manuel Zúñiga Jirón y el subteniente Luis Valverde Quirós. El azar hizo que el montaje que planearon para que pareciera un intento de fuga no se consumara, pero de inmediato se trata el hecho como delicuencia común. El caso es que, a la fecha, no se ha reconocido que fue un asesinato político.

Monumento a los caídos en el Codo del Diablo,
Cementerio Obrero, San José.
Fosa común en San Isidro de
Pérez Zeledón.
¿Porqué aún existen fosas comunes en Costa Rica, con restos de combatientes, la mayoría, milicianos de Vanguardia Popular? Al menos conozco de dos. Una se encuentra en San Isidro de Pérez Zeledón, donde descansan los restos de 112 personas sin identificar la mayoría. En El Tejar del Guarco, Cartago, en el cementerio debe existir una fosa con los restos de 235 personas, revueltos en 25 ataúdes al decir de Roberto Güell Mora. ¿No esta una manera de querer colocar los esqueletos incómodos en el armario y simplemente darse la vuelta y “aquí no ha pasado nada”.

Fosa común en el Cementerio de
Tejar del Guarco, Cartago.
¿Porqué obvia el gobierno que a Carmen Lyra la mató la pena de estar desterrada en México? Desde mi militancia no sé si alegrarme por haber honrado a Lyra como el personaje que llevan impresos los billetes de 20 mil colones o indignarme y reclamar que el mejor homenaje que le podrían hacer es, por un lado, reconocer que su exilio fue injusto, que ello le precipitó su muerte y que su tumba hasta hace poco estaba perdida en el Cementerio General.
Carmen Lyra

¿Se sabe hoy quién fue Adán Guevara? Eduardo Mora Valverde lo recuerda en sus memorias, cuando llegó a buscar orientación en esos días aciagos de abril del 48:
"En la mañana de ese día llegó Adán Guevara. Lo había visto la última vez, tirado en una butaca, fatigado, en Tres Ríos, después de un combate. Llegó por orientaciones y le pedí su regreso rápido, pero cuidadoso. Luego supimos de su detención y del intento en Liberia de ahorcarlo. Colgando de un árbol, con un lazo en su fuerte cuello, fue encontrado con vida por un campesino, el cual de un machetazo cortó el mecate y le permitió a Adán huir y refugiarse."

¿Y que tal si alguien se acuerda quien era Abraham Marenco? Nicaragüense, excombatiente con Sandino en Nicaragua. Gracias a la temeridad de un funcionario del hospital en el que se encontraba convaleciente de una herida recibida en El Tejar, pudo evadir a quienes llegaron a buscarle para darle muerte. ¿Y los nombres de Rubén Cabezas de Turrialba o de Herminio Alfaro de Barva? Ambos eran militantes comunistas y ambos fueron asesinados, incluso antes de los hechos de 1948? ¿Cuántos otros nombres deberán estar en los archivos policiales como simples asesinatos delictivos porque sus nombres no eran tan relevantes? ¿Debemos seguir como país ocultando estos hechos? ¿No deberíamos esclarecer de una buena vez que pasó?

miércoles, 26 de diciembre de 2012

¿Qué tiene en común el fútbol y la acción de un partido?


La acción política ha sido objeto de varios símiles a lo largo de la historia. En la década de los setenta en Occidente se popularizó el libro clásico de la cultura china El Arte de la Guerra. En el campo de las nacientes empresas transnacionales se popularizó como una especie de manual de como lograr derrotar a la competencia y pronto también fue usado en la política.

Unos cuantos decenios antes, Antonio Gramsci, hacía una símil entre la política las acciones bélicas de los ejércitos en campaña. Para él, cualquier acción política debía ser planificada como una acción militar (en cuanto a su lógica organizativa más que en sus medios). Nos hablaba de que hay dos formas de asumir esta acción; por un lado lo que llamó la guerra de movimiento, la cual implica una acción puntual, más de golpear y correr pero a la que le veía poca capacidad de derrotar al bloque hegemónico. Para lograr ese triunfo, el italiano se refería a una símil de lo que llamó la guerra de posiciones.

Al igual que un ejército que se ubica en un frente de amplio rango, un partido revolucionario que busque como derrotar a su adversario político, y de paso lograr una hegemonía sobre las clases que representa, debe estar preparado para sostener un sitio así como contar con un contingente de militantes grande y disciplinado, y una retaguardia estratégica que sostenga el esfuerzo que realiza.

De las dos fuentes que menciono, lo que tienen en común es la impronta bélica como símil. Pero tal vez una manera más fácil y cercana para nuestra realidad sería el ver la acción política como un juego de fútbol. Y ojo que puede resultar un poco pedestre hablar de fútbol y Política, solamente espero que al finalizar de visitar este túnel, me haya logrado explicar.

El fútbol implica, ante todo, la combinación de una o dos figuras talentosas y habilidosas, con un equipo que permita que esas figuras se manifiesten en el momento del partido. ¿No es esto de alguna manera lo que es, o debería ser al menos, un partido político? Normalmente hay figuras descollantes, que poseen una habilidad innata para el liderazgo político. Pero si no poseen un conjunto de personas que en torno a ellas le alimenten con buenos insumos, difícilmente logra ganar el campeonato por sí solo. Puede que gane uno que otro partido. ¿Se imaginan a Messi jugando con, digamos, Carmelita y que sea campeón sin otro jugadores que le ayuden? Yo no.

¿Qué pasa cuando se enfrentan dos equipos de fútbol? Normalmente que hay dos momentos en todo partido, la defensa y el ataque. La primera puede hacerse de dos maneras; una es lo que en la jerga de los estadios se dice “guindarse del tubo”, o sea, replegarse y tratar de sacar la bola del área propia a como sea. Es lo que en política le pasó a la izquierda en la década de los noventa. Hay que ser sinceros, la derecha la arrinconó y la bombardeó desde todos los ángulos, fue una época en que no hubo, precisamente, “jogo bonito”.

Otra manera de defender es esperar a que el contrario tome la bola y presionarlo de inmediato. No es “volar hacha”, porque a la larga se aplica el reglamento y hasta expulsado se puede resultar. Se trata de perseguirle, presionarlo, no dejarle pensar, impedir que pueda controlar la situación y hacerle incurrir en el error. Es ahí donde yo veo que la acción política tiene una similitud pasmosa. Si, por ejemplo, la derecha trata de tomar el control de la situación, la izquierda y el progresismo debe empezar con una tarea en la que le sea difícil pensar y anotarse un tanto. El control político, la denuncia, el análisis crítico son la manera en que me parece un partido político debería actuar.

Si la presión es efectiva, es muy probable que el adversario pierda el control del balón. Es cuando se debe pasar al ataque. Hay dos formas de hacerlo y para ello voy a tratar de ilustrarlo con dos equipos de España. Está la forma en que lo hace el Real Madrid, directo y vertical, rapidísimo, tratando de encontrar desubicado al rival. La otra es como lo hace el Barcelona, con pausa, pasando la bola de uno a otro, analizando sin desesperarse al rival y cuando encuentra una brecha, poner un pase preciso y que culmine en gol.
Personalmente me parece que es el estilo del Barcelona el más apto para un partido de izquierda. Cuando se logra tener control de una situación, hay que tener la calma necesaria para no precipitarse. El estar bajando información de manera sistemática y segura es lo más parecido a ese pasabola que hacen Xavi y su cohorte. ¿Qué parece a veces que no se logra nada? Paciencia, que una vez que se logra entrar en la defensa, se puede lograr un éxito importante.

En Argentina en la década de los sesenta un equipo (creo que era Estudiantes de La Plata), logró grandes éxitos en Sudamérica, sin tener en sus filas grandes figuras. Al consultarle al entrenador como lo logró, el respondió que en un equipo pueden faltar “cracks”, pero jamás pueden haber tontos. De eso se trata, del trabajo en equipo colectivo, de tener un Partido capaz. Y si el juego es eficaz, y además estético, se logran avances importantes en cada elección. O sea, se logra llenar el estadio con una afición fiel.

martes, 25 de diciembre de 2012

Se jodieron los pobres, pasó Navidad.


Los judíos tienen el Yom Kippur, los musulmanes el Ramadán y los ticos el Sueño de Navidad. Pero, ¿qué tienen en común los tres? Que todos buscan la expiación colectiva de un pecado como sociedad.

Claro que en el caso de los judíos y los musulmanes, la expiación se trata de transgresiones individuales pero que en conjunto son objeto de un reconocimiento colectivo. Pero en el caso de Costa Rica, es, de una u otra manera, esconder la basura debajo de la alfombra.


La verdad es que me revienta eso de la Navidad en mi país. No más llegar al 1° de diciembre, empiezan las campañas en las que nos acordamos de quienes viven en situación de pobreza. Inician las campañas para llevarle juguetes y ropa a las poblaciones indígenas, inician las lacrimosas campañas del Sueño de Navidad de canal 7, se dan los constantes llamados a los “valores tradicionales de la Navidad” para acordarnos de los (as) pobres en estos días. Pero no más pasa el 25 de diciembre, todo vuelve a esa morbosa realidad en la que la pobreza simplemente está ahí, como algo natural y que se ha asumido como tal.

En verdad, me da nauseas esas campañas. ¿Porqué solamente se acuerdan en estas fechas de quienes son pobres? Me parece lo más hipócrita del mundo el hacer llamados a ayudar en estas fechas a ciertas familias que, según las estadísticas oficialmente construidas, están en esa ignominiosa categoría de la pobreza extrema. Pero no más llegado el 26 de diciembre, los medios de comunicación comercial se olvidan del resto y sin novedad en el frente.

La verdad es que lo que deberíamos hacer en esos días es reflexionar sobre las causas de porqué hay tanta pobreza en nuestro país, el porqué no disminuye desde hace varios años ese 25% de población en estado de pobreza y porqué se ha asumido, desde las opiniones oficiales y hegemónicas que esto es una situación normal, o incluso presentándola como un éxito porque no ha aumentado. Lo que se obvia es que Costa Rica, junto con República Dominicana, son los dos únicos países en lo que no ha disminuido la población en estado de pobreza.

Es por ello que los sueños de navidad, tal y como los promociona Canal 7, es la mayor de las vergüenzas para nuestra sociedad. Al buscar solucionar la problemática a ciertas familias puntualmente escogidas, obviando a una gran cantidad que no son objeto de esa gracia oficial, reconocemos como sociedad que el actual estado de cosas ha sido incapaz de dar una solución concreta. Porque a fe de ser francos, ese sistema es la causa primera de que exista la pobreza en los niveles en que se pueden observar.

Así, junto con la solución a ciertas familias, debería levantarse una discusión del porqué se dan estos casos en nuestra sociedad. Es inaceptable que haya personas en nuestra sociedad viviendo en condiciones infrahumanas. De ahí que las acciones de conmiseración de estos días sean simplemente una forma de obviar lo fundamental. Nos contentamos con que la acción privada e individual supla lo que el Estado no quiere o no puede hacer, responder a las necesidades más apremiantes de ese 25% de la población nacional. Quedamos tranquilos haciendo una ayuda ritual en diciembre, aunque en el resto del año simplemente no olvidemos de quienes no son beneficiados por la misericordia oficial.

Al final de cuentas, para quienes viven con menos de un dólar al día, debería ser diciembre todo el año, a ver si acaso les toca la lotería de la misericordia oficial y con ello logran salir del estado de miseria en que los ha sumido el sistema económico en que vivimos. A todos y todas, ¿feliz navidad?.

lunes, 24 de diciembre de 2012

La generación Y o como los hijos se comen a su padre.


Cada día me convenzo más que para entender las modificaciones en el modo de acumulación del capitalismo hay que tratar de entender cuál es el hombre colectivo que pretende crear, usando la categoría gramsciana (por eso me excuso de no usar un lenguaje más inclusivo, pero no quiero crear ambigüedades y que se vaya a pensar que yo me la inventé).

Ese hombre colectivo es el ideal de persona hegemonizada, aquella que ha asumido los valores y hechos relevantes, según la clase dominante, como algo natural y, por tanto, no implica una amenaza al mantenimiento de las condiciones necesarias para que continúe el accionar del modo de acumulación. Es la creación de un consenso de los sectores subordinados en torno a los intereses de los sectores hegemónicos.

En La Nación de hoy, hacia el final de los avisos económicos, aparece una nota referente a un estudio, efectuado por una transnacional de la gestión del recurso humano, en la que determinan que los valores y actitudes de los(as) trabajadores(as) difieren según sea la generación a la que pertenecen. No sé el rigor científico que exista en la construcción de las mismas, pero igual las usan. Hablan de que en este momento conviven cuatro generaciones: la tradicionalista (nacidos antes de 1946), la “baby boomer” (1946-1964), la generación X (1965-1977) y la generación Y (1977-1997). Especialmente se centran en describir como la primera y la última son, según sus conclusiones, antagónicas.

La tradicionalista acepta la autoridad en el trabajo, colaborativa y propensa a buscar metas en común; la generación Y es lo contrario: individualista, insumisa ante la autoridad y poco propensa (reacia fue mi lectura) al trabajo en equipo. Terminan llamando la atención que esta situación es peligrosa para las empresas porque crea conflictos que afectan el desempeño. La solución propuesta es poco menos que cosmética: convivios, dinámicas, nuevos liderazgos, blablabla propia de los manuales tipo ¿Quién se robó mi queso?, y similares.

Lo que no ven quienes realizan este estudio, o no lo quieren decir (más lo primero que lo segundo), es que estos valores, ese hombre colectivo, responde a un momento del despliegue del capitalismo como modo de producción que se manifiesta, a su vez, en una cierta manera de acumulación. Porque no ha sido siempre la misma, de lo contrario, deberíamos despreciar prácticamente toda la historia desde 1914 hasta nuestros días. Para estos gurús del recurso humano, Hobsbawm simplemente debe ser el nombre de un delantero de algún equipo de segunda división alemán.

Lo que son incapaces de reconocer es que esta generación Y simplemente es el producto de la misma dinámica del capitalismo. El triunfo (aparente apunto yo) del sistema no lo es tal, y están siendo víctimas de su propio “éxito”. ¡Cuánta razón tenía aquel alemán de Tréveris cuando sentenció que el capitalismo es su propio sepulturero! Ahora en que la colaboración y la interconexión es casi que un requisito de la globalización, considerando que hay una deslocalización física de la producción y las actividades de soporte anexas; ahora que con el advenimiento de las TIC se ha eliminado el factor temporal en la capacidad de realizar acciones colectivas a través del planeta, se ha llevado la individualidad a un extremo tal que esto es visto como algo negativo.

Desde aquí se pueden derivar lecturas interesantes, creo yo. Por un lado está la cuestión del empredurismo, como un valor máximo que se pretende instaurar en la mentalidad colectiva. Es la exaltación del esfuerzo estrictamente individual y en el que el éxito sirve solo para quien tiene las “agallas” de hacer lo que haya que hacer para lograr ganancias. Atrás quedaron los valores del, por ejemplo, cooperativismo como una forma de lograr el éxito de manera colectiva.

Por otro lado está las repercusiones en lo político. La conclusión más obvia sería que desde esta arista se puede entender mucho del sentimiento antipolítica y antipartido que impera hoy en día. ¿Como pretender que se involucren a esfuerzos y organizaciones que aplean, precisamente, a un accionar colectivo y con la búsqueda de alcanzar metas en común? Salvo que ello permita el éxito personal, no parece ser compatible esa nueva moral con la acción política... ¿no estará por acá la razón de que cada vez más se den actos de corrupción en la actividad pública?

Y quienes siendo jóvenes se han involucrado en lo político, logran romper con esa visión individualista y personalista, pero mantienen arraigado, en muchos casos, un rechazo a lo que se llama en el artículo “respeto a la autoridad”. No es que ser insumiso ante una jerarquía despótica y autoritaria sea malo, por el contrario, pero no aceptar ninguna jerarquía, eso es otra cosa. Y pasa mucho actualmente. No hay nada más simpático que asistir a una reunión, las ahora llamadas “asambleas horizontale”. Horizontales no tanto por la incapacidad de llegar a acuerdos consensuados, sino porque hay que acostarse a esperar que se pongan de acuerdo en como ponerse de acuerdo.

Parece un poco el mito de Cronos, pero al revés. Cronos se hacía una merienda de sus hijos conforme iban naciendo, ahora son los hijos los que se están devorando al padre. La cuestión es, ¿marcará esto una agudización de la crisis civilizatoria o, para asumir el tono mesiánico de estos días, abrirá la perspectiva de una nueva forma de convivencia social? Yo personalmente veo más factible lo primero, aunque no hay que perder la esperanza de lo segundo.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Nota luctuosa: Se murió el "todos igualiticos"


¿Hay un talante republicano? ¿Existe un ethos republicano? Esas son las preguntas que me hago, desde hace varios días, al observar situaciones en que se increpa a la presidenta Chinchilla en actos oficiales.

Hace pocos días, en Alajuelita, la ciudadana presidenta dejó hablando solo a un ciudadano que se acercó a reclamar por la inacción del gobierno en resolver sobre un proyecto de vivienda en ese mismo cantón. Ayer, otra ciudadana se sale del guión establecido y reprocha a Chinchilla por no haber cumplido, según su parecer, por no haber reajustado el salario de los(as) policías. En ambos casos, desde el gobierno se levantó un argumento del porqué esas acciones no eran “adecuadas”. Según el vocero oficial, con rango ministerial, no se respeta la investidura de la Presidencia.



En el último caso, incluso, se lleva a un “experto” en seguridad, cuya experticia parece derivar de ser miembro de los cuerpos policiales de este país, para que analizara si la seguridad de la presidenta es la adecuada. Me llamó mucho la atención cuando este cuasi soldado expresó que en realidad sí hubo un fallo porque, según no sé que doctrina de seguridad, se debe proteger la integridad física y también la “agresión verbal” (sic). Si lo leemos en detalle, no se vale reclamar a un(a) funcionario(a) y sería válido callarle, sacarle o expulsarle del sitio, dado que esa es la misión de la escolta. ¿Se pierde un talante republicano?

Entiendo por talante republicano aquella forma de ser en la que un(a) ciudadano(a) recibe una responsabilidad para ejercer, de manera limitada en el tiempo, un puesto. Esto al menos en la teoría y en un deber ser ideal. Asimismo, dado que sigue siendo parte de la ciudadanía, cualquier otro(a) ciudadano(a) puede dirigirse a esta persona de igual a igual, manteniendo únicamente las formas normales, tal y como debe ser en una sociedad regida, precisamente, por uno de los pilares fundacionales de la modernidad: Igualdad.

Por otro lado, es posible entender que quien detenta un cargo público, como lo es la presidencia o una diputación, tiene limitaciones en cuanto al tiempo. Asimismo, es comprensible que dicho cargo conlleva una cierta dosis de dignidad. Pero es una dignidad que deriva, o al menos así debería ser, de haber recibido una responsabilidad por parte de sus iguales. Seguimos, por supuesto, en el plano del deber ser general.

¿Qué pasa entonces con la presidencia y los(as) diputados(as)? Varias cosas. Una de ellas, por cierto, es que parece haber un alejamiento absoluto entre ese estamento político y la sociedad en su conjunto. Y en Costa Rica, además, creo que juega un elemento que mezcla elementos de orden histórico y de orden mítico. Muchas personas han escrito y se han esforzado por crear una especie de ethos ideal de la sociedad costarricense, lo que Jorge Rovira llamaba en sus clases, el ethos igualitario. Y de tanto repetirlo, se dieron prácticas de relación que de una u otra manera lo reforzaron. Es aquí donde se mezcla lo real y lo mítico, reforzándose mutuamente.

Tanto es así que muchas veces oí relatos de como los presidentes caminaban tranquilamente por la calle y conocían a las personas en los pueblos por sus nombres. Todavía hoy se reimprimen, en una publicación llamada Ojo, una columna que se titula Anecdotario Nacional, y en no pocas ocasiones se presentan escenas en ese talante. ¿Está mal? No me lo parece, así debería ser el ejercicio del poder político; abierto y de cara a la sociedad.

Pero eso se ha ido perdiendo poco a poco. ¿Razones? Sería arriesgado y rayando en el profetismo tratar de dar conclusiones duras y cerradas. Más bien, por favor, vean estas líneas que siguen como presunciones, que sometidas al escrutinio colectivo, pueden ser asumidas o refutadas.

En primer término, creo que hay una obsesión por la “seguridad” de quienes ostentan el rango de presidente(a) o ministros(as), derivada de que se ha percibido que las prácticas de ejercicio del poder han provocado una fractura en las políticas de contención social que antaño eran cartilla de identidad de la sociedad costarricense. Por cierto, son estas políticas de contención (un sinónimo podría ser Estado Social de Derecho, aunque prefiero la que uso por reflejar, en mi entender, la verdadera intención de las mismas), las que usan para explicar ese ethos igualitario que mencionaba arriba. De ahí que se vea un “cabreo” ciudadano propenso a transformarse en trompadas, sean estas literales o verbales.

En segundo término, se ha configurando una especie de cultura del poder en Costa Rica que parece estar más cerca de un aristocratismo tropical que de mantener el talante republicano. Y es que ambos son mutuamente excluyentes en mi concepto. Nuestro país ha carecido, por mucho tiempo, de protocolos elaborados o con fuerte arraigo histórico. En parte, me parece, por el hecho de que se eliminó el ejército, fuente inagotable de estos ritos protocolares, amén de que cuando existieron las fuerzas armadas, estaban bastante desprestigiadas, sobre todo desde el golpe de Estado de Federico Tinoco y la posterior derrota de la dictadura. Este gobierno ha sido el máximo exponente de esta tendencia de implantar una estética militar.

En tercer término, la brecha social se ha hecho de una u otra manera, estructural. No hay capacidad de cerrarla y, como gran triunfo, se esgrime que está contenida. Contenida en cuanto al porcentaje, pero no en cuanto a la cantidad de personas que engrosan el ejército de la pobreza. Y mientras los deciles más bajos ven mermados sus ingresos, los deciles más altos los aumentan. Un aumento que a su vez se traduce en un consumismo con dos características peculiares. Por un lado es hedonista, para obtener una forma de satisfacción, y por otro lado se ha vuelto exhibiocinista.

Me decía la doctora Ciska Raventós, a propósito de una conversación sobre esto, que la sociedad costarricense ha sido consumista de siempre. Y puede ser cierto cuando uno rebobina el casete de la memoria y evoca, por ejemplo, las famosas excursiones en diciembre: frontera con Panamá, la isla de San Andrés ó Miami. Dime a donde vas y te diré tu capacidad de ingreso. Ahora la cosa ha ido cambiando, y esa necesidad de consumo, como una cierta manera de identificación social, ha sido eliminada para una buena parte de la población y otra la exhibe impúdicamente. Y muchos(as) de los ministros(as) y sus familiares, incluyendo aquí a la presidenta, también participan de ello.

En suma, se rompió el talante y el ethos que se había construido y practicado (más lo primero que lo segundo) tradicionalmente. Pero aún subsiste en el imaginario nacional. La pregunta es, ¿será necesario retomar estos elementos para reconstruir la confianza en la Política de nuevo? ¿Estará dispuesta la sociedad a reconstruir esta forma de relaciones?

martes, 18 de diciembre de 2012

Albert Nobbs, una película que vale la pena.

En estos días de diciembre, cuando según sentenciaba el veterano dirigente sindical Alvaro Rojas la enajenación adquiere dimensiones pandémicas, hay que buscar que hacer. Con el colegio cerrado por vacaciones y San José tomado por las hordas de quienes sienten la obligación de comprar, lo que sea pero comprar frenéticamente, no hay muchas opciones.

Preso de la paradoja que significa el tener televisión por cable, donde hay decenas de canales y nada para ver, una buena opción es el ir a un vídeo club y alquilar una película, sentarse con una cerveza y abrir un paréntesis en el corre corre diario. Y eso fue lo que hice el fin de semana. Como no ando tras de títulos masivos, encontré uno que me llamó la atención y cuyos prólogos ya había visto en algún momento. Se trataba de una película protagonizada por Glenn Close y que se titula Albert Nobbs. Por cierto, en estos días la proyectan en el cine Magaly.

La trama es profunda y se presta mucho a la reflexión. El contexto histórico es Dublín en el siglo XIX y con el telón de fondo de la era victoriana. El personaje que protagoniza Close es el de una mujer, hija fuera del matrimonio, abandonada en su infancia y víctima de violación a los 14 años. Una suma de todos los elementos en los que se ensañaba la discriminación en esa época. Para lograr sobrevivir, se hace pasar por un hombre y se desempeña como salonero en un hotel regentado por una mujer que ostenta un título de nobleza. 

En algún momento coincide con otra mujer que usa la misma estrategia de supervivencia, en este caso, una mujer que ha sido víctima de agresión doméstica por parte de un hombre alcohólico y pintor de casas. Ella lo abandona y se apropia del oficio, pero debe hacerse pasar por hombre para lograr trabajar. El encuentro le abre a Nobbs (repito, su nombre nunca se menciona del todo) un horizonte que no existía en su plan de vida. Esta otra mujer le confiesa que ha logrado llevar el engaño a la sociedad hasta el punto en que logró contraer matrimonio y vive con su pareja.

Nobbs trata de llevar a cabo una acción similar, buscando una felicidad que le ha sido esquiva. Sin embargo, a diferencia de su alter ego en la película, nunca llega a comprender las implicaciones mismas del acto de establecer una relación de pareja con alguien del mismo sexo. No entiende eso y le lleva a cortejar a una compañera de trabajo que, a su vez, mantiene una relación afectivo - posesiva con un joven analfabeta y agresor. Queda embarazada y Nobbs asume un papel de protección. En una trifulca, hacia el final de la película, sufre un golpe en la cabeza y muere, en soledad, en su habitación. Al encontrarle al día siguiente, un médico descubre que en realidad se trata de una mujer y pronuncia una frase que tiene un profundo contenido reflexivo "Nobbs, Nobbs; ¿qué te empujó a vivir tan miserablemente?"

Me impactó realmente. Es el ver como el patriarcado, que ahora tanto criticamos (y con justa razón) ha estado presente siempre en nuestra sociedad. ¿Porqué estas dos mujeres llegan a disfrazarse de hombres? No es por una disolución moral, como muchas veces y a la ligera opinan sectores conservadores. Se trataba del despreciar a la mujer como una persona capaz de realizar cualquier tarea y a la vez, con la capacidad de ser autónoma y dueña de su existencia. Aún hoy se le aplican estas valoraciones a la mujer, aunque fruto de la lucha del feminismo, hay que reconocerlo, mucho se ha avanzado. Pero aún, por ejemplo, tenemos a las mujeres ganando mucho menos que los hombres en igualdad de condiciones.

El que nunca se mencionara el nombre del personaje de Glenn Close es muy simbólico. La mujer muchas veces no tiene rostro, no tiene nombre. Tiene un cuerpo que sirve sólo para parir (reproducir la fuerza de trabajo), para servir (es el objeto del mercado del sexo) o para servir de receptáculo de las iras machistas de los hombres (el maldito femicidio). El otro personaje, en cambio, sí tiene un nombre y tiene una vida. Tiene la capacidad de entender lo que realmente pasa y actúa en consecuencia. Cobra conciencia de que una cosa es tener que vestirse de hombre para lograr sobrevivir y otra es que nunca ha dejado de ser mujer e individuo. Una escena en la playa (no la voy a contar para picarles a ver la película) es la más simbólica y profunda de toda la cinta.

La película destila una crítica feroz al capitalismo decimonónico, pero también debería servir para reflexionar sobre la esencia de este sistema económico, basado en la discriminación y la explotación. Es por ello que viendo Albert Nobbs a uno se le antoja que bien vale la pena sentarse dos horas frente al televisor y, eso sí, no abusar de la cerveza para no quedarse dormido.

Angela preguntó y yo le respondo... aunque nunca lo lea.


La pregunta no me la hizo personalmente. Más bien fue una pregunta usada como recurso para cerrar un artículo periodístico y propagandístico. La hizo la periodista de La Nación, Angela Avalos, el domingo pasado en la Revista Dominical (16 de diciembre, pág. 45).

En una nota que entituló “La calle transformada en urna”, esta periodista ejerce una prosa llena de juicios de valor e intenciones ideologizantes poco discretas. Y cierra con una pregunta que transcribo literalmente
"La vía de la fuerza, de la calle, del choque... ¿será la más adecuada para resolver los problemas de este país? Suya es la respuesta.
Si alguien lo lee con cuidado, es una pregunta retórica en el marco del desarrollo valorativo que hace la señora Avalos, la respuesta que se espera es, evidentemente, una de claro apoyo a quienes se oponen a cualquier manifestación en la calle por parte de colectivos sociales que recurren a este recurso.

Sin embargo, en lo esencial, la periodista pasa de largo, casi que haciendo sospechar de su rigurosidad al elaborar la nota. En ninguna parte hace, siquiera, un esfuerzo por buscar una explicación de las causas de que, en este gobierno, se haya dado la explosión de manifestaciones populares. Retomando al Informe del Estado de la Nación, también mencionado por ella, ese descontento “nunca antes visto”.

Y es sobre este elemento que le trataré de responder a Angela Avalos, aunque sé bien que no lo va a leer, salvo que las brujas hagan de mensajeras. Y empezaré por la misma pregunta que ella hace y que son coincidentes con una perspectiva de la organización política y su accionar que veo muy relacionada con las ideas de Parsons y quienes han seguido esa lógica y teoría, muy incrustada en la Ciencia Política por cierto.

Idealmente, una sociedad se organiza a partir de colectivos que acuden, metafóricamente hablando, al mercado político y entran en negociaciones buscando como lograr obtener una ventaja, un beneficio, acorde con sus necesidades. En este proceso transaccional, cada actor parte de una posición de recursos, los que actúan como moneda (otra vez no es literal) y al final el proceso ideal es aquel en que hay una relación ganar- ganar. El Estado, en este mundo ideal, regula y administra para evitar que haya perdedores netos. Quienes no se acomodan o aceptan estas reglas de juego, son desviados sociales a quienes se debe corregir y encauzar de nuevo en el camino correcto. No extraña pues que muchas veces la Sociología y otras ciencias sociales sean percibidas más en una dimensión de “medicina social” o de “ingeniería social”.

Y ahí es donde está parte de la explicación, al menos para mí, en la actual coyuntura el Estado no ha cumplido ese papel de administración y contención. De entrada se sabe que los actores del entramado social no poseen el mismo capital político y económico, hay una desigualdad que casi siempre opera en contra de los sectores sociales posicionados en los sectores populares. Y si a eso le sumamos que el Estado se ha alineado de manera corporativa con los actores económicos de mayor poder y vinculados directamente con un proyecto neoliberal, se crean las condiciones para una tormenta perfecta.

Los principales reclamos de estos actores sociales, los que salen a la calle a reclamar, tienen que ver mucho con la ausencia de acción en cuanto política pública. No solo por la inacción sino también por las premisas que llevan a configurar y ejecutar políticas públicas. ¿Cómo no van a pretender que la población de Montes de Oca reclame ante el cierre de los EBAIS? ¿O qué en Grecia de Alajuela marchen pidiendo que no se corten servicios de Urgencias en el Hospital San Francisco de Asís? En ambos casos lo que dispara todo el proceso de esta política pública es uno sólo: la lógica del eficientismo económico que ha sido traído, mecánicamente, de la lógica de operación industrial.


Ante ese panorama la cuestión que se les plantea es simple, es una opción casi que dicotómica excluyente: Si no se puede dialogar con el Estado sólo queda la opción de tratar de forzarle. Y ese tratar de forzarle pasa por utilizar el recurso de salir a la calle y manifestarse. Porque Avalos de manera un poco perversa y bastante malintencionada se pregunta si serán los mismos de siempre los que se han manifestado. No sé si ella cuando fue universitaria alguna vez tomó la decisión de acompañar una marcha, pero si lo hizo bien sabe que implica sacrificios y una buena dosis de autocontrol cuando, en la calle y azuzados por medios como para el que ella trabaja, nos endilgan desde el reclamo de tinte político hasta el mero insulto.

Y no doña Angela, no son los mismos (supongo que se refiere a los otros amenazantes tradicionales de la oligarquía), hay nuevos actores. Trabajadores(as) del Poder Judicial, comunidades, pequeños empresarios del fotocopiado, mensajeros y dueños de motocicletas. Algunos ejemplos de que no solo son los mismos, sino que ahora son más.

Así, la única forma en que parece que se disminuyeran las manifestaciones y protestas populares en la calle, implicaría una voluntad desde el Estado de abrirse a tratar de reconocer que el malestar social se produce a partir de un empeoramiento de elementos de orden social que han sido fundamentales en la configuración social de este país. Pasa por mantener y profundizar un sistema de salud pública, un mejoramiento en el equipamiento e infraestructura educativa y volver a asumir prácticas de protección al ciudadano para que deje de ser un simple espectador y pueda tener capacidad de incidir en las políticas públicas de manera real. Pasa por dejar de tratar con leyes de mercado los servicios públicos y abandonar su veneración fanática a la globalización neoliberal. Si embargo, ello no parece posible, así que seguirán las manifestaciones.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Calidad de la educación. ¿De qué carajos hablamos?


Los ritos decembrinos en Costa Rica son precisamente eso, ritos, porque son absolutamente predecibles en el tiempo y el contenido.

Y muchos de esos ritos se manifiestan en los medios comerciales de comunicación. Desde los lacrimosos llamados apara acordarnos de una familia en estado de pobreza, como una forma de expiar la amnesia permanente respecto a ese casi 25% de población en el mismo estado, hasta las rasgaduras de ropas ante los “fracasos en los exámenes de bachillerato”. De los últimos se derivan, sin falla, los comentarios expertos y autorizados, desde cualquier parte menos desde el campo de la Educación (profesionales, entidades formadoras y gremios) sentenciando la pésima calidad del sistema educativo. Pero, ¿de qué carajos hablan con la tan mentada calidad?

El término calidad de la educación es casi como una especie de misterio religioso. Es casi como la Santísima Trinidad, todo el mundo habla de ella, pero nadie sabe definirla adecuadamente. O al menos, para efectos del debate público, no se conoce una definición básica sobre la cual se pueda efectuar análisis con un referencial válido, al menos, en términos de ser colectivamente aceptado y (lo más) objetivamente construido. ¿Será que Weber nos puede iluminar y es necesaria una tipología de este término? ¿O más bien estamos ante un ideograma, un término que evoca más a elementos de orden ideológico?

Yo personalmente me inclino a que hay un fuerte contenido ideológico y hegemónico en el uso del término. Creo poder ver una intencionalidad, desde un círculo de intelectuales orgánicos del bloque hegemónico y una cristalización hegemónica entre amplios sectores de la sociedad.

Uno de estos esfuerzos de usar el término de la calidad de la educación, sin mayores precisiones, con intenciones hegemónicas está en una especie de sentencia repetida hasta la saciedad: Los colegios privados son mejores porque logran mejores notas y mejores promociones. Parado en la orilla positivista eso es innegable. Pero las estadísticas son constructos que no necesariamente reflejan la realidad en su complejidad profunda. Como decía no sin cierta sorna mi profesor David Delgado “los datos se pueden torturar hasta que digan lo que uno quiere”. Y esto es comprobable cuando los estadísticos que presenta el Ministerio de Educación Pública (MEP) son de orden descriptivo y no hay, al menos públicamente, una entrega de análisis de orden inferencial y correlacional, tanto en el tiempo como entre el universo de muestreo.

Por supuesto que los colegios privados, en ese indicador, poseen mejores números que los públicos. No hay lugar a dudas. Sin embargo, parece que no hay posibilidad real de ponderación entre instituciones. Los datos que presenta hoy La Nación si son vistos con detalle, levantan más preguntas que respuestas. ¿Influye la cantidad de estudiantes que presentan los exámenes de bachillerato en sus notas finales? ¿Cuanta diferencia hay en la nota del instrumento propiamente dicho, las notas de presentación y la nota final de bachillerato (1)? ¿Hay o no diferencias en las evaluaciones internas de las instituciones privadas y las públicas? ¿Hay o no prácticas de las instituciones privadas enfocadas a que sus estudiantes puedan mejorar las notas de presentación o no? ¿Qué tanto influyen los elementos de orden socio-económico en cuanto a la perspectiva que lleva un(a) estudiante al momento de presentar las pruebas de bachillerato? Unas cuantas preguntas, pero algunas surgidas de la misma experiencia que tengo como docente.

Por mi experiencia puedo decir que el número de estudiantes influye considerablemente. Normalmente los colegios privados manejan pocos(as) estudiantes y ello permite que la atención se dé más individualizada e intensiva. Y no es lo mismo tener que atender a 125 estudiantes que a 25. Personalmente conozco de ciertas estrategias usadas por colegios privados enfocadas hacia la estadística únicamente; hay colegios subvencionados (semi-privados en la jerga de sentido común) que van seleccionando a sus estudiantes. Al menos yo trabajé en uno donde si un estudiante perdía el año (en ese momento no existía el “arrastre" (2)), simplemente debía abandonar la institución. En ese año ingresaron 140 estudiantes a sétimo año y las perspectivas eran de que sólo 50 terminaran allí y presentaran bachillerato. O sea, descartaban a 90 personas (casi un 65%). En otro colegio, igualmente subvencionado, realizar algunos trabajos le permitían aumentar el promedio anual en 10 puntos (si tenía un 70 pasa a un 80), en otros existen actividades que componen hasta un 20% de la nota de las materias. Normalmente consiste en asistir a una gira y resolver una guía de estudio con preguntas tan complicadas como “Busque cinco faltas de ortografía en rótulos que vea a la orilla del camino”.

¿Más situaciones de este tipo? Con gusto. En muchas instituciones privadas y subvencionadas realizan examenes de adminisión y escogen la población. La carga académica está reducida en muchos casos, eliminando materias “especiales”. Con ello lo que buscan es dedicar más horas a las materias “académicas”; el efecto es que los docentes pueden terminar antes el programa de estudio y dedican hasta mes y medio a preparar a los(as) estudiantes para la prueba. Les adiestran para ello.

Es por eso que, mientras no ponderemos y se cumplan criterios universales, me niego a aceptar las estadísticas de aprobación y nota como un indicador válido de calidad educativa. Me niego a que se quiera comparar a un colegio en Alajuelita, con la grave problemática social que posee, con uno privado donde se pagan hasta $1 000 dólares al mes. Eso es manejo ideológico: el Estado es un chapa, sólo lo privado sirve.

Tampoco parece válido otro argumento no menos ideologizado. La culpa la tienen los(as) malos(as) docentes. Pero es que resulta que son formados(as) en las mismas instituciones, por lo que este elemento parece renquear en algo. Asimismo, las capacitaciones permanentes tampoco paracen ser un elemento determinante. En lo que sí hay una diferencia, así lo aprecio yo, es en cuanto a la cualificación que se pide en uno y otro ámbito. Lo común era que quién ejercía la docencia se le viera como una persona que debía reflexionar en torno al currículum para después ejercer la mediación y transmisión del mismo. Pero hay una dimensión, no sólo pedagógica sino también de orden económico político a considerar. Se ha comenzado a implementar un currículum que se inspira en los llamados módulos de enseñanza. Estos módulos han desplazado el carácter creativo de los(as) docentes hacia un carácter técnico.

Dado que los módulos mencionados se plasman en textos, organizados en unidades que norman todo el proceso (planificación, mediación y evaluación), no hay mayor campo a la creatividad. Y estos textos significan un movimiento de capital nada despreciable. No sólo para las empresas editoriales, también para algunos(as) funcionarios(as) del mismo MEP, involucrados(as) en dos espacios; el público, como expertos(as) que influyen y/o elaboran pruebas y programas y el privado, como dueños(as) y autores(as). Cierra este círculo las regalías (literalmente) que muchas veces se dan a profesores(as) que adoptan un cierto texto como único para su materia. El texto se convierte en un manual para resolver pruebas de bachillerato.

NOTAS
(1) El bachillerato en Costa Rica se aprueba al obtener una nota de 68,5 o más. La nota de bachillerato se calcula de la siguiente manera: Nota de bachillerato = (Nota de presentación * 0,40) + (Nota de la prueba * 0,60). Asimismo la nota de presentación se calcula sumando el promedio anual de cada materia y dividiéndola entre el total de datos sumados. Este último elementos es frágil por cuanto es reportado por las instituciones directamente y puede ser objeto de falseamiento o engaño abierto.

(2) El sistema educativo en Costa Rica permite, de manera obligatoria para el sector público y optativa para el privado, que si un(a) estudiante aplaza una materia o más, pueda matricular el nivel siguiente, pero cursando las materias aplazadas en el nivel que corresponda. Por ejemplo, si una persona en décimo año no aprueba matemáticas, puede matricular undécimo año y cursar todas las materias excepto matemáticas. Popularmente a eso se le llama "arrastre".

jueves, 13 de diciembre de 2012

Tu vida por un limón. Un indulto medieval.


Ha sido una costumbre, desde hacia varios años, que el Poder Ejecutivo por estas fechas de fin de año, concede indultos a personas condenadas y que cumplen pena de cárcel. Una figura aplicada, parece, por la simple voluntad de quien ejerce la presidencia y sus ministros(as).

Parece un poco anacrónico que en un país que se jacta de ser una República, se apliquen formas de ejercer el poder más propias de las monarquías absolutas. Se podría entender si la aplicación del indulto se hace ante una situación de evidente injusticia, o bien por razones de orden humanitario (enfermedad terminal, etc.). Ante ello se impone, desde luego, el preciado equilibrio de poderes (los pesos y contrapesos) o bien elementos de carácter humanitario.

Hoy la prensa anuncia que el Poder Ejecutivo, ejerciendo más como señor feudal que como poder republicano, que se concedieron un cierto número de indultos. Entre ellos el de un finquero, acusado, juzgado y condenado, por tentativa de homicidio. Siendo sintéticos: en San Carlos (zona norte del país), un finquero sorprendió a un niño de 13 años tomando limones dentro de una de su propiedad. El niño huye y el finquero le dispara, por cinco veces, y lo hiere por la espalda. Llevado a juicio, se encuentra que la prueba presentada en su contra ratifica no sólo el hecho, sino que también se valora que la intención era la de acabar con la vida del menor.

De inmediato la comunidad se moviliza para lograr el indulto. En esta gestión, el diputado Manrique Oviedo, del Partido Acción Ciudadana, los apoya e intercede ante el Ministerio de Justicia para ese fin. El Ministro de ese momento, Hernando París, con buen tino (bastante ausente en este gobierno vale decir), le indica que debe cumplir con el procedimiento de ley. Este implica que un órgano especializado debe valorar el caso; se hace y da una recomendación en contrario. El primer considerando es lapidario y lo transcribo para poder ponderar lo que digo:

"PRIMERO: Que los resultados obtenidos por la persona privada de libertad no son oportunos criminológicamente para recomendar el beneficio, dado que se encuentra en una fase inicial de descuento de la sentencia y sus expectativas es que se la exima de la misma mediante el perdón de la pena, lo cual no es coherente dado las características del delito, actuando con impulsividad y en contra de una persona menor de edad en condición de indefensión." (La Nación, 13 de diciembre del 2012, pág. 16A).

Para los efectos de una lógica básica, el debate debió haberse cerrado. Un órgano especializado, técnico, emite un criterio fundado. Pero la cosa no acaba allí. Se presenta el caso al Consejo de Ministros y se le da el indulto a el condenado. ¿Las razones? Si ellas fueran a formar jurisprudencia, pues apañados estamos, según el actual Ministro de Justicia, Fernando Ferraro, los elementos valorados fueron: 1) es padre de familia, 2) un profesional reconocido, 3) actúo de manera injustificable pero no contaba con antecedentes. Quedan avisados todos los hombres que cumplan con este perfil: asesinen y serán perdonados.

Ahora bien, ¿hay otras posibles lecturas de este acontecimiento? ¿Podríamos salirnos de la maraña discursiva de orden jurídico? Creo que sí y eso es lo que intentaré. Y lo primero que trataré de hacer es desarrollar algunas reflexiones en torno al concepto de justicia que subyace. Hay un infame ley, que espero ya haya sido derogada, llamada “Ley de Merodeo”. Con una inspiración más medieval que moderna, autorizaba a disparar a cualquier persona sorprendida dentro de una finca. Y digo que es medieval porque los ecos de como se trataba a los cazadores furtivos en los cotos reales europeos no está muy lejos de esta figura.

Se trata de la más primitiva de la aplicación de un castigo por inflingir las normas socialmente aceptadas ó impuestas (depende de como nos posicionemos ideológicamente) para mantener un cierto orden social. Es la justicia ejemplarizante, aquella que implicaba la desaparición física del infractor, ojalá con despliegue de entrañas, sangre y gritos, para que el resto aprendiera la lección. ¿No es esto lo que operó en la mente del asesino condenado, hoy indultado? Quien tome mis limones, lo mato.

También hay un cierto tufillo de discriminación social. El indultado es un “profesional reconocido”, veterinario para mayor abundamiento. Dicho de otra manera: hacendado y veterinario, un profesional que posee una posición privilegiada en una comunidad como El Tanque de La Fortuna de San Carlos. Posición privilegiada y que además posee una posición de poder privilegiada. Hablamos de una comunidad rural, principalmente dedicada a la explotación ganadera. Y bien se sabe que en estos lugares el trabajo no sólo es escaso, sino también que quién posee animales para su explotación, depende en mucho de los servicios de un veterinario. Poder económico y zoobiopoder (perdonen el neologismo, espero que me entiendan). Por todo ello, ¿extraña que tantas personas hayan firmado una nota buscando su indulto? Buen tema para una investigación sociológica, a ver si alguien toma el guante.

Asimismo, desde otras trincheras, también se han dado muestras de apoyo y solidaridad de clase. Me refiero a las declaraciones de Ottón Solís, figura que resume lo peor del conservadurismo disfrazado de progresismo. En su página de Facebook publicó el siguiente comentario

"Yo de presidente indultaría a todas las personas que en defensa de sus bienes o de su familia se ven en una desgracia como en la que se vió don Bernal Arias. Felicito a la Presidenta porque, de acuerdo a versiones de vecinos, Bernal Arias es una persona honesta y trabajadora, que no andaba por la calle con un arma buscando a quién disparar o a quién hacerle el mal.

En cuanto a Manrique Oviedo pienso que si le cobró dinero a Arias (vendió poder) para ayudar a que se le indultara o si negoció su voto con el Gobierno en relación con algún Proyecto de interés del Gobierno, sobre todo si el no compartía el fondo del proyecto, para que el Gobierno indultara Arias, debería renunciar a su diputación.
Si no es así, yo le recomendaría mas bien que haga un estudio para ver que otras personas (taxistas, pulperos, finqueros, policías, etc) están en la cárcel por defender su familia y sus bienes o los de otras personas, y haga gestiones para que sean indultadas.
Jamás debe estimularse el tomar la ley en las manos, lo ideal es que prevengamos el delito y mejoremos la protección brindada por la policía. Pero en una situación de flagrancia lo correcto es que las personas honradas nunca salgan perjudicadas y que sean otros los que están en la cárcel."


Sobran las palabras. Sobran las indignaciones. Lo que no sobra es que este evento representa, además, una nueva página de ataque al sistema de justicia de Costa Rica, pero ese será otro túnel. Por ahora, el Viejo Topo va a descansar.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

¿A qué le teme Laura Chinchilla? A propósito de un desplante autoritario.


En las redes sociales ha circulado un vídeo que permite ver, debo decir que no sin cierta dosis de pasmo, como hoy la presidenta Laura Chinchilla dejó, literalmente, hablando sólo a un ciudadano que se le acercó a plantear una queja referente a la no acción (que es una forma de acción) para dar una solución de vivienda.

La actitud de Chinchilla ya es de por sí censurable, máxime que en el mismo vídeo ella declara que no dialogará mientras amenacen con bloqueos. Pero cuando llega el momento, simplemente se da la vuelta y se va. ¿Entonces? Parece cumplirse esa frase atribuida a Ricardo Jiménez en que decía algo así como “si no la ensarta pierde y si la ensarta no gana”. ¿Qué entiende por diálogo?

Esta situación preocupa, al menos a quien esto escribe, porque refuerza una forma de actuar que raya, peligrosamente, en la manifestación de lo que Theodor Adorno y su equipo de trabajo llamó la personalidad autoritaria. Una especie de tipo ideal construido empíricamente y que dio nombre a un libro que, quienes hayan llevado alguna materia relacionada con investigación en la carrera de Sociología, deben haber leído (al menos su introducción y metodología) ya que es un ejemplo de como se construye un objeto de estudio.

Del texto de Adorno rescato un pasaje de sus conclusiones:

“El convencionalismo, la rigidez, la negación represiva y la consiguiente irrupción de la propia debilidad, el miedo y la dependencia no son sino diferentes aspectos de un mismo patrón básico de personalidad, y pueden ser observados tanto en la vida personal como en las actitudes hacia la religión y los temas sociales.”

¿No se puede ver aquí algunas improntas de la personalidad autoritaria de Chinchilla? Yo al menos sí. Convencionalismo, rigidez y miedo. Todo ello se ve en este minuto y medio de grabación. Y piense Usted, ¿se manifiesta o no en sus actitudes religiosas y sobre temas sociales? Tal vez a ella se le olvidó un detalle, la actividad se desarrolló en Alajuelita, el cantón con peor índice de desarrollo humano del país. Lease, el cantón donde cualquiera de los indicadores usuales para medir la brecha social es más profunda (pobreza, desigualdad o exclusión; escoja Usted).

Y hay otras manifestaciones de ese autoritarismo latente. Una cierta tendencia a la demostración de la fuerza militar, rayando a veces en la veneración a la milicia. Esta tendencia se ve cada día en la calle, empezando por el despliegue que hace nuestra Fuerza Pública de manera cotidiana, no sólo de armas pesadas de diseño bélico, sino también en los retenes en las calles. Es una manera de naturalizar lo militar, de hacer normal el mensaje de que el poder sobre la vida y el movimiento de la ciudadanía la tiene el Estado. De ahí a llegar en algún momento a que se aplique la nefasta máxima fascista de que “el Estado lo es todo y nada puede existir fuera de él”, tan sólo hay un paso. ¿No estará por ahí la explicación del tristemente famoso episodio del policía nazi?

Tan a esto ha llegado ese culto silencioso a lo castrense que se ha llegado al extremo de ver como normal y hasta simpático vestir niños con réplicas de uniformes policíacos, tal como ocurrió en Puntarenas durante una visita presidencial. Estos niños (por cierto ninguna niña) fueron presentados como un halago a la Presidenta. No pude dejar de pensar en escenas que he visto en el canal de National Geographic, en un documental sobre la ideología de las SS, en que se ve a niños vestidos con los infames uniformes de las tropas de asalto hitlerianas. Desde niños se les va inculcando un división de la sociedad en buenos (los que estamos con la Policía) y malos (los que están en contra de la Policía). La Policía, por cierto, termina siendo el Estado y estar contra la Policía termina siendo estar contra el Estado. Vuelvo a reiterar la máxima fascista: “el Estado lo es todo y nada puede existir fuera de él”.

Es por ello que tampoco asombra que se haga despliegue de estética militar en actividades de corte popular. En los topes ahora desfila, regularmente, la Policía Montada y en no pocos actos una escolta militar. Personalmente la ví la semana pasada durante una actividad en la Avenida Central, en que también les acompañaba una versión de San Nicolás, pero con un atuendo no rojo (¡supongo que es demasiado de izquierdas!) sino azul. Como se oyó por ahí: “Colacho se hizo tombo”.

No estamos a destiempo para modificar esta tendencia a la militarización de la sociedad. Por supuesto que es necesario afrontar y reprimir la criminalidad violenta, pero no es mediante el cultivo al odio y la exclusión que se logrará. Debe asumirse la cuestión con una mezcla inteligente de acciones en el plano social, económico, político y policial. De lo contrario, algún día nos levantaremos y la Costa Rica idílica se habrá desvanecido por completo.

Resacas de una sesión parlamentaria.

Ayer sintonicé el canal de televisión por cable que transmite las sesiones de la Asamblea Legislativa. Dado que se encuentra en el período de sesiones extraordinarias, la agenda está definida por los intereses del Poder Ejecutivo. Como según las estadísticas de Blogger este espacio tiene lectores que lo acceden desde fuera de Costa Rica, vale señalar que en nuestro ordenamiento constitucional, la Asamblea Legislativa posee dos momentos de sus sesiones. El ordinario en que la agenda la construye el órgano legislativo y el extraordinario, en que la iniciativa parte de la Presidencia.

Hacia el final de la sesión, se entró a conocer los dictámenes de mayoría (negativo) y de minoría (positivo) respecto al proyecto de ley para regularizar las llamadas Sociedades de Convivencia entre Personas del Mismo Sexo. Este proyecto lo que pretende es normar los aspectos relativos a los deberes y derechos de personas del mismo sexo que, de manera libre y voluntaria, hayan decidido mantener una relación de pareja. En honor a la verdad, sería una solución intermedia entre el desconocimiento absoluto de este hecho social y la reconceptualización de la categoría de matrimonio.

Durante las intervenciones de quienes se oponen al dictamen de mayoría quedó claro un elemento que ha cruzado transversalmente todo el proceso y, desgraciadamente, no se ha logrado obviar. Ante un despliegue de racionalidad por parte de quienes apoyan el proyecto, se opone una decisión de orden simple y llanamente ideológica. Una ideología profunda, con anclaje en preceptos de orden religioso, y que son incapaces de contra argumentar en planos de equivalencia.

No pude menos que recordar la discusión que se había generado en torno, por ejemplo, la presentación del proyecto de Igualdad Real de la Mujer o el de equiparación de derechos en los matrimonios de hecho. En esos momentos, mucha de la argumentación se basó en las mismas premisas, aunque debo reconocer que, al menos, se trató de maquillar con elementos retóricos que se acercaban más a elementos racionales. Sin embargo, en todas ellas veo un elemento que los cruza a todos: un temor de parte de sectores con poder de perder el control de la sociedad al permitir y reconocer la posibilidad de establecer nuevas formas de relación y afectividad.

Un despliegue del tema, enfocado eso sí hacia la homosexualidad, se puede encontrar en una entrevista a Foucault del 25 de junio de 1984. Rescato el siguiente párrafo:

"Pienso que es eso lo que vuelve "perturbadora" a la homosexualidad: el modo de vida homosexual más que el acto sexual mismo. Imaginar un acto sexual que no se ajusta a las leyes de la naturaleza, no es eso lo que inquieta a las personas. Pero que los individuos comiencen a amarse, ése sí es un problema. Se toma la institución a contrapelo; con intensidades afectivas que la atraviesan, y a un mismo tiempo la cohesionan y perturban: véase el ejército, donde incesantemente se convoca el amor entre hombres y a la vez se le condena. Los códigos institucionales no pueden validar esas relaciones de intensidades múltiples, de colores variables, movimientos imperceptibles, formas cambiantes. Esas relaciones que hacen cortocircuito e introducen el amor ahí donde debiera estar la ley, la regla o la costumbre."
Eso es lo que le aterra, en última instancia al poder conservador. El temor a que esta sociedad reconozca la posibilidad de que un nuevo actor social comience a manifestar nuevas maneras, fuera de lo normado y usado como elemento de relaciones de poder, de relación entre personas y formas diferentes de sensibilización. Como bien señala Boaventura de Souza, el sociólogo portugués, uno de los mayores aportes que hizo el femenismo fue permitirnos lograr abordajes de la realidad desde otras perspectivas. Ojalá y haya un momento de epifanía entre los diputados y las diputadas, pero mucho me temo que podrá más el peso del mito, el terror a la pérdida de control. Y sí eso sucede, las formas de resistencia por parte de el colectivo BLGT deberá tomar nuevas formas, con nuevos relacionamientos que permitan concitar apoyos y compromisos mutuos, que rompan el actual cerco y, hasta cierto punto, pudor a asumir posiciones políticas más evidentes y comprometidas.



sábado, 8 de diciembre de 2012

Los esfuerzos para una noalición

Leyó bien escribí noalición. Es una licencia que me permití, una especie de neologismo, para anteponerlo al de coalición. Porque a como percibo el panoramo político, los llamados a formar una "coalición" más parecen fortalecer la "noalición".

Han surgido varios actores en las últimas semanas planteando esos llamados y basándose en diferentes visiones del cómo. Una pequeña reseña de ellas serían:

1) Los agendistas: Este es un colectivo que se ha reunido en torno a ciertas figuras con vínculos fuertes con el antiguo Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), muchos(as) de ellos(as) incluso ocupando puestos ministeriales, curules diputadiles o bien que han estado cerca de gobiernos de este signo político. Las figuras más representativas son Jaime Ordóñez, con una cierta aura de neutralidad fruto de ser uno de los expertos oficiales (¿intelectual orgánico?) de la gran prensa comercial, aunque quienes fuimos estudiantes en la UCR en los ochentas sabemos que de neutralidad política nada. El otro es Helio Fallas, exministro de Vivienda en algún gobierno socialcristiano. Por ahí andan otras figuras similares (una exministra de Salud y uno de Obras Públicas y Transportes).

Despojándose de su pasado político partidario, se presentan como un grupo de ciudadanos(as) con una seria preocupación por el rumbo del país. La solución es, según ellos(as), el que los partidos adopten una agenda de qué es lo que hay que hacer... y hasta ahí. En la práctica, lo que buscan es poner a los partidos contra las cuerdas, haciendo eco de uno de los sitios comunes de la antipolítica posmoderna, los partidos están en crisis (cierto) y no tienen capacidad de remediar esta crisis (¿cierto?). En un sistema electoral, una de las centralidades fundantes, los partidos políticos, se descolocan en lo fundamental, el plantear el proyecto de sociedad y Estado que representan.

Lo curioso de estos agendistas es que no parecen haber hecho la consulta tomando en cuenta a los partidos. Estos son ahora actores pasivos, sumidos en la sombra de la parte trasera del escenario y son llamados a escena sólo cuando ya la obra ha llegado a un punto de no retorno. De manera hasta perversa, llevan el estado de cosas a un punto en que se puede aplicar aquello de que "O estás conmigo o estas contra mí". Y como se han arrogado una representatividad y neutralidad, repito, falaces, quienes digan no están fregados, quedan como los malos de la película.

Aún así, al menos un partido político, el Partido Acción Ciudadana, parece haberse entusiasmado de sobremanera con esta "epifanía"; su presidenta, Elizabeth Fonseca, participó entusiastamente y suscribió el documento. ¿Compadre hablado? Podría ser, dado que los rumores de que el PAC y un sector del PUSC parecen estar en conversaciones para la conformación de una plataforma electoral. Incluso cinco precandidatos (2 del PAC y 3 del PUSC), firmaron una carta de intenciones en ese sentido.

2) Los alianzistas: Aquí agrupamos, especialmente, al PAC. Hasta ahora el término que han usado preferentemente ha sido el de alianza en vez de coalición. Parece que no hay mayor problema, excepto porque ante la legalidad electoral del país son cosas diferentes. Una coalición es una unión temporal, con plazo de caducidad. Dos o más partidos políticos firman un acuerdo público (y supongo que otro secreto) en que forman una agrupación solo para una elección. En las pasadas elecciones municipales se dieron varios acuerdos de este tipo. Al finalizar el proceso, cada partido conserva su identidad.

Una alianza es algo diferente. Esta implica que uno o varios partidos se disuelven en otro partido. Es una fusión de carácter permanente. Por ejemplo, si el partido A decide aliarse con el B, el primero desaparece como organización para los efectos legales. Es por ello que los llamados a una alianza, por parte del PAC, son señales confusas y alarmantes para otros partidos. Ahora, podría ser que en la práctica estén pensando más en alianzas de compromiso con ciertos sectores que en alianzas absorventes de partidos.

Me explico: si es real lo que parece ser una acercamiento muy fuerte entre un sector del PUSC, alejado de lo que podríamos llamar el calderonismo (en torno a la figura de Calderón Fournier), y este grupo ve como poco factible que logren incidencia después del proceso interno, una posibilidad de mantenerse vivos en este ecosistema político es formar una simbiosis con el PAC; ingresan al PAC como un sector que sale del PUSC, logran acuerdos para ubicarse en la estructura de poder y con eso el PAC da una imagen de que sigue siendo el reducto natural de la "gente ética" del país. Por cierto, ¿quién dice que solo ese partido puede tener gente ética, decente y honesta? Esos absolutismos en poco les ayudan, por cierto.

3) Los inmediatistas: Aquí el máximo exponente es Jorge Guardia y otros alter ego similares. Su propuesta es simple y sencilla, hay que ganarle al Partido Liberación Nacional (PLN) a como sea. Y para eso, la mejor manera de lograr algo es decidiendo primero quien es el candidato y después, ahí vemos. O sea, como dice el dicho popular, arreglar las alforjas de camino. En este espacio parece que confluirán dos figuras del neoliberalismo, en su expresión más dura, como son Calderón Fournier y Otto Guevara. El primero expresidente condenado por actos de corrupción y el segundo eterno candidato del Movimiento Libertario (ML), partido que tiene el dudoso honor de ser el primero que se definió abiertamente como neoliberal.

Considerando que los referentes de estos inmediatistas son Capriles de Venezuela y la Concertación de Chile, específicamente la Democracia Cristiana, el proyecto de entrada estaría vetada para los partidos de izquierda o de esa sucursal del limbo llamada centro.

4) Los realistas: Este es un grupo que está fraccionado, pero que sí tiene como común denominador una percepción de que cualquier esfuerzo de entendimiento pasa necesariamente por lograr compromisos puntuales en torno a una coalición. Mariano Figueres ha impulsado un esfuerzo bautizado como el "Grupo de Río Segundo" (GRS), por la localidad alajuelense en que se han reunido. Si bien es cierto cometieron un, a mi modo de ver, fallo similar a los agendistas en no prever el como sentar a dialogar a los partidos, sí apuntaron bien en cuanto a la necesidad de que sectores sociales plantearan sus necesidades desde un inicio, lo cual allana el camino para la formulación de un programa mínimo. Sin embargo, el esfuerzo parece haber perdido fuelle, pero es pronto para extenderle su acta de defunción.

Otro elemento rescatable de la iniciativa del GRS ha sido el que han acotado que tipo de coalición es la que quieren: que tenga un carácter antineoliberal y progresista. Bien por eso, dado que las otras parecen ser las de "todos contra el PLN", cuya máxima expresión es, repito, los inmediatistas.

En este campo de los realistas parece ubicarse el Frente Amplio (FA), que si bien no se ha cerrado a la posibilidad de una coalición, tampoco se ha precipitado en firmar un pacto con quien sea. Su dirección parece haberse leído muy bien el Fausto de Goethe y no sea que por un momento de felicidad, vayan a perder su alma. Es muy probable que el FA avance más por buscar la coalición, en buena medida, tal y como la ven los del GRS, la pregunta es: ¿quién más apostará por ello?

Solo el tiempo dirá lo que puede pasar. Pero considerando que el PAC tiene su convención interna hasta abril-mayo del 2013 y que el plazo final para la inscripción de coaliciones es el 1° de agosto de ese año, creo que a pesar de los deseos de muchos(as), lo que tendremos es una noalición.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

En el cine con Foucault. Una reflexión sociológica del documental "Vida voy de nuevo"




El lunes 3 de diciembre fui con mi compañera al cine Variedades. Atendíamos una invitación que nos hizo Rebeca Arguedas, una especial amiga y productora general de un documental titulado "Vida voy de nuevo".

El cine estaba prácticamente lleno, pocos campos libres. Poco después de las 7 de la noche, en ese mágico momento en que las luces bajan, se hace un silencio expectante e inicia la proyección. Pronto se nos llenaron las retinas con los relatos de vida de mujeres que sufrieron de cáncer de mama, cruzada con la de una mujer joven, estudiante universitaria y ex modelo de un popular programa de telebasura (y tal vez por ello muy popular en su momento) que a los 26 años padecía de esta enfermedad.

No voy a pretender jugar de crítico aficionado porque no lo soy, para eso está nuestro blog amigo La Huella del Ojo. Tampoco me quiero quedar en ese campo fácil del sentimentalismo y la filosofía de Cosmopolitan, porque carece de la profundidad que me gusta. Más bien quisiera tratar de establecer, aunque sea de manera muy general, una lectura desde Foucault.

El brillante galo nos demostraba, con una maestría creo que pocas veces vista en las Ciencias Sociales, como el concepto de enfermedad mental era una construcción sociohistórica enmarcada, además, en una cierta forma de ejercicio del poder. De ahí a generalizarlo hacia lo que en nuestros días se conoce como Salud Pública, era solo un paso y lo dió. El famoso poder pastoral, esa categoría tan metafórica como real.

Ahora bien, no recuerdo (y confieso que no lo he leído con la amplitud que quisiera) que Foucault tocara el tema de género en sus análisis al respecto. Probablemente sí lo haya hecho y alguien me enmiende la plana, ojalá. Pero creo que en el caso del cáncer de mama, tal y como fue presentado en el documental, es claro y evidente que, no sólo se puede leer como un ejercicio de poder desde el Estado, sino que se agrava por el hecho de que la principal población afectada son las mujeres.

Lo primero que llama la atención es el como el sistema de salud pública dilata, a veces por varios años, los exámenes necesarios para descartar o comprobar el que una mujer esté desarrollando un tumor canceroso en sus pechos. ¿No es esto un ejercicio de poder del más puro estilo foucauliano? Es el control sobre la corporalidad de la mujer, pero con un agravante, es un control sobre su propia supervivencia. Un ejercicio de violencia dado que la acción implica la eventual desaparición física, literalmente. Se puede alegar falta de fondos, pero igual entonces: ¿Se debilita ese poder pastoral? ¿Entran otras lógicas en juego?

Mujeres que no ven necesario el autoexamen, que no sabían como hacerlo o desdeñaban hacerlo. En el fondo, ¿no entraran ahí a jugar los elementos de represión sobre la corporalidad de raíz católica respecto al cuerpo de la mujer? Me tienta la idea de decir que sí. Reprimida por esa moral católica, que si no cristiana, a la mujer (y al hombre, pero con menor éxito creo) se le ha inculcado la idea de que el cuerpo no debe ser explorado, sobre todo para obtener placer. Dado que los pechos de la mujer son zonas "prohibidas", ¿hasta donde el no hacerse el autoexamen está determinado, en lo más profundo, por esa moralización que mencionaba?

Llegar a plantear a un médico que le realice un cierto tipo de examen provoca, según ellas mismas relataban, una reacción típica del poder cuando se siente amenazado. "Aquí el médico soy yo" (el uso del masculino es porque ellas mismas así lo mencionaban eran hombres). La descalificación por ser mujer, por no ser médica. El ejercicio de un discurso especializado como forma de poder. En este momento Foucault me pasó la tarjeta de un compatriota que se llamaba algo así como Bourdieu. Tal vez debería pedirle ayuda para entender esto (¿Violencia simbólica? ¿Invasión del campo? ¿Rompimiento del habitus médico-paciente?)

No me queda ninguna duda. El cáncer de mama es un problema de magnitudes sociales, que está matando a cientos de mujeres en Costa Rica. Ante ello no podemos seguir, como sociedad, generando acciones desde una posición de poder en las que las mujeres no sean las actrices centrales. Cualquier política pública debe, si realmente pretende ser progresista, descolonizar la visión machista que ha imperado hasta ahora.

Una felicitación a Rebeca Arguedas su productora general y a Kike Molina el director asi como sus otros colegas que produjeron este valiosísimo material. Y a quienes tienen la oportunidad de impartir lecciones de Sociología, les recomiendo que lo consideren para generar discusión y análisis sobre la línea que propuse