lunes, 3 de diciembre de 2012

Cuando la barbarie se manifiesta. Los "disturbios" de Walmart

Hace exactamente una semana iniciaba este espacio con una reflexión de lo que observé en San José en el llamado "Viernes Negro". Ese día comentaba como una sociedad se manifestaba en una decadencia moral y se sumía, con placer casi orgiástico, en un frenesí de consumismo hedonista.

Quien haya creído que esto fue meramente episódico, debería revisarlo. El fin de semana, a través de las redes sociales, vimos con cierta dosis de pasmo y otra de certidumbre sobre nuestra percepción, que la naturalización del mercado como espacio de socialización parece haber penetrado más de lo que, para espíritus optimistas, podría creerse.

En esencia, la cadena transnacional Walmart anunció que durante un lapso de 72 horas permanecería abierta, sin cerrar sus puertas, vendiendo buena parte, si no toda, su mercadería, a precios rebajados. Sucedió que en el local de San Sebastián, distrito capitalino localizado al sur, unas pantallas planas de 32 pulgadas estaban rotuladas al "módico" (por demás irracional) precio de 17.800 colones, un poco más de 30 dólares. Decenas de personas se precipitaron sobre estos aparatos, pero al llegar a pagar, en el local se percatan de que el precio no correspondía con el verdadero, que era diez veces mayor.

Se desató, entonces, un disturbio, corto pero violento, con las características mismas de una confrontación en las calles por motivos políticos (al menos cuando aún la modernidad tenía algo de arrestos). Marchantes indignados por el engaño (aludido por ellos), empleados tratando de arrebatar la mercadería y las facturas de quienes pagaron al precio erróneo (al menos así lo denuncian) y guardias de seguridad privados, con casco, chaleco antibalas y cachiporra, literalmente reprimiendo a los marchantes.

Más allá de los aspectos legales y normativos, lo que es absolutamente pasmoso es el hecho de que estas personas reaccionaran así por lo que consideran es una violación de sus derechos como consumidor, pero permanezcan pasivos y quietos ante manifestaciones que, por ejemplo, llamen a la movilización social en torno a la defensa de la Seguridad Social. Eso por no decir que añoren una buena golpiza, como la que recibieron ellos mismos, para que dejen de joder en las calles.

En otro local de esa misma cadena, me parece que en Heredia, al norte de San José, se reportaron aglomeraciones y tumultos que pudieron acabar en un desastre. Declaraciones de afectados y socorristas de la Cruz Roja así lo mencionaron. Curiosamente este evento pasa inadvertido y recibe poca difusión.

Decía Rosa Luxemburgo, con una mezcla de pesimismo racional y optimismo subjetivo, que el destino de la Humanidad debería ser "Socialismo o Barbarie". Creo compañera Rosa que nos acercamos más a lo último que a lo primero. ¿Se puede calificar de otro modo a un irracionalismo como el de un precio ridículo de entrada por un aparato evidentemente mucho más caro? ¿No es una forma de barbarie el pelear por una mercancía elevada al rango de "reliquia sagrada"? ¿De qué manera llamar a que la represión de disturbios esté ya privatizada, sea, que se haya perdido ya aquello del "ejercicio legítimo de la violencia" al decir de Weber como un signo de identidad del Estado moderno?

Pero lo más bárbaro es cuando una vocera de la empresa califica la jornada como exitosa. Supongo que las pasiones desatadas son solamente comparables con los cuadros de histeria colectiva que se manifiestan en ciertas sectas religiosas. O que la devoción de los fieles llegó al paroxismo y entrega en que por poco se convierten en mártires del mercado. 

¿Qué nuevas manifestaciones del consumismo hedonista nos esperan por ver?

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