sábado, 30 de marzo de 2013

La guerra y la banalidad posmoderna. Un caso concreto.


¿Qué marcan los tiempos posmodernos que vivimos? Una respuesta corta y completa creo que es imposible. Incluso podría hacerse una discusión casi eterna sobre si es posmodernismo, modernismo tardío o decadente, etc. Así que, para no caer en la tentación del universalismo, voy a darle la vuelta al embudo y ver pos su parte angosta.

Al menos hay tres elementos que yo identifico de este momento de la Historia. Uno es el individualismo exacerbado, el segundo sería la banalización de la realidad y por último, lo contingente de la realidad. Y estos tres elementos se pueden observar, al menos así lo propongo, en la actual crisis político-militar que se vive en la península coreana.

Esta crisis no es menor. Estamos ante una situación altamente volátil, con un accionar de la República Popular de Corea (Corea del Norte) de alta violencia discursiva con un correlato fáctico; y por el otro lado una República de Corea (Corea del Sur) que responde igual y que cuenta con el respaldo evidente y demostrativo del aparato militar estadounidense. Y hay que ser francos, la guerra que enfrentó a ambos bandos, entre 1950 y 1953, nunca terminó formalmente. Desde 1953 lo que existe es, al menos desde la perspectiva de formalidad legal internacional, un simple alto al fuego.

El paralelo 38 norte es una de las zonas del planeta con
En el paralelo 38, frontera entre las Coreas, la
densidad de soldados y armamento es la ma-
yor del planeta. Al fin y al cabo, la guerra nunca
tuvo un final como tal, sólo un cese al fuego.
mayor densidad de personal militar y armamento que existe. Asimismo, la cuestión de la reunificación de la península en un solo país (léase, la aniquilación de alguno de los dos estados coreanos) forma parte de los valores que ambos países han adoptado y es usado como elemento hegemónico. Corea del Norte lo ha incluido en sus constitución como un deber nacional, Corea del Sur posee, formalmente, un Ministerio para la Reunificación. Y ambos países han sostenido enfrentamientos militares, escaramuzas hasta ahora, pero que no han contribuido a posicionar la búsqueda de una salida negociada.

Corea del Norte parece haber apostado a un reforzamiento de su capacidad militar ante este estado de guerra permanente, aunque nunca asumido como tal. El último acto de esta doctrina de defensa ha sido el desarrollo de armamento nuclear y sus vectores de lanzamiento (misiles). Estados Unidos, concitando apoyos entre muchos países cercanos en el área (Corea del Sur -evidentemente- y Japón), impulsa una serie de acciones encaminadas a poner un asedio contra Corea del Norte y posicionar a este estado como un paria del concierto de naciones.

Una digresión pequeña; es curioso como estas prácticas de la diplomacia actual no deja de tener una similitud pasmosa con las cruzadas medievales. Los asedios, como una forma de tratar de rendir por hambre y desesperanza y señalar a los asediados como infieles y bárbaros para justificar su aniquilamiento.

En las últimas semanas, la tensión militar haya llegado a niveles en los que la posibilidad de acciones militares a gran escala sean una posibilidad inminente. No sólo hay retórica por parte de los dos actores enfrentados (incluyo Corea del Sur y Estados Unidos como un sólo actor) sino que hay acciones militares que parecen indicar que, sin un par de tiros, no habrá posibilidad de una salida negociada. Incluso cabe preguntare si es posible esta. Personalmente creo que, desde la Crisis de los Misiles en 1962, pocas veces hemos estado tan cerca de que se use armamento nuclear en un conflicto armado.

Desde 1962 el mundo no ha estado tan cerca
de que se use armamento nuclear en acciones
bélicas. Pero a diferencia de ese momento, ya
no parece haber un actor que pueda ser inter-
locutor con Estados Unidos. ¿Habrá guerra?
Pero a diferencia de 1962, hoy vivimos una época de individualismo. Un individualismo que ha sido producido de la pérdida de los lazos que mantenían una estructura social, y si bien han aparecido nuevas formas de socialización, más que contribuir a la creación de estructuras definidas, son tan débiles y poco definidas, tan permeadas por un talante antipolítico, que la estructura más parece la cabaña de aquella famosa escena de “LaQuimera del Oro” de Chaplin.

Este individualismo hace que poca gente siquiera se preocupe por la posibilidad de una guerra poque ya no piensan en sí mismos como parte de un colectivo de apenas 6 mil millones de individuos, llamado especie humana. ¿En qué me afecta a mí que en la península coreana -si es que la pueden ubicar en el mapa- vaya a haber una guerra? Y esto lleva a que “el otro” hoy más que nunca sea una externalidad, ya no a una sociedad, al individuo como tal.

Igualmente, esta individualidad ha hecho que no haya una gradación, una valoración real de los acontecimientos. Ahí entra la banalidad, el quitarle importancia y relevancia a los hechos. Todo tiene importancia en el tanto yo como individuo así lo considere. Y sí a mí me interesa (o me han hecho interesarme) más en si Messi anota o no un gol a que entre las Coreas se hayan intercambiado o no misiles, ambos eventos se consideran como igualmente relevantes, sin considerar las implicaciones colectivas o a futuro.

De este aspecto derivo que, junto con estos dos elementos caracterizadores del posmodernismo, podamos incluir lo contingente como la realidad válida. Todo existe en el tanto no aparezca un nuevo hecho que lo desplace del inmediato. Porque como todo tiene igual relevancia, dado que así alguien lo decidió y por tanto hay que “respetarlo”, en ese tanto es válido dedicar igual espacio e importancia a que Messi haya anotado en 19 partidos consecutivos a que Corea del Norte declare el estado de guerra contra Corea del Sur.

Pero esos son los tiempos que nos ha tocado vivir.

lunes, 25 de marzo de 2013

¿Por qué el Frente Amplio no es noticia?


La respuesta a la pregunta que titula este túnel la ubico, en principio, en dos elementos básicos que, además, se relacionan entre sí. Y aclaro que escribo como militante (y fundador) del Frente Amplio. Por honestidad lo aclaro, por compromiso ideológico lo escribo.

En primer término hay que señalar la acción sostenida y orquestada de los medios de comunicación comerciales en implantar en la conciencia de la sociedad un sentimiento anti Política, manifestada esta acción de intención hegemónica en un ataque sostenido en contra del Partido Político (con mayúsculas dado que me refiero a la categoría); y este ataque se da, facilitado hay que reconocerlo, por las actuaciones de muchos de los partidos políticos (las minúsculas por ser manifestaciones de la misma categoría), especialmente en la Asamblea Legislativa. Y sus acciones son, desgraciadamente, bastante cercanas a la lógica anti Política.

José Merino y José María Villalta han
construido, desde su actividad parla-
mentaria, una forma de ejercitar la po-
lítica demostrando que es posible ha-
cerlo de manera honesta y consecuente.
Frente Amplio, como partido con representación parlamentaria no ha podido ser objeto de esta ofensiva hegemónica del bloque dominante. Fundamentalmente porque la actuación de sus dos diputados, José Merino del Río y José María Villalta Flórez-Estrada, ha sido absolutamente consecuente con el deber ser que han manifestado. Han sido la manifestación vívida de que sí es posible vivir como se piensa, al decir del Ché Guevara y una máxima importante en el trabajo político de la izquierda.

Y no sólo eso. Entre ambos se presentaron a la corriente legislativa más de 100 iniciativas legales, todas cruzadas por una perspectiva de superación de las actuales condiciones de inspiración neoliberal de la economía costarricense. Iniciativas que, por cierto, forman parte del núcleo básico del esfuerzo programático de cara a las elecciones del 2014.

El segundo elemento es el querer señalar a los partidos políticos como feudos de refugio para corruptelas y ambiciones de poder desmedidas. Cuando se ven ciertas actuaciones de muchos partidos, pareciera que hay algo de razón. Denuncias de malversación de fondos públicos, luchas cainitas al seno de los partidos, esfuerzos desesperados por lograr ascendentes de “liderazgo” a partir de golpes de billetera más que de contraste de ideas. Esa es la realidad que viven hoy muchos partidos políticos.

Nuevamente el Frente Amplio parece estar fuera de esa dinámica y, por consiguiente, ajeno a ser víctima de esa lógica. Hoy precisamente se publica una nota en La Nación en la que se consigna que este partido no posee deudas pendientes. Mientras tanto, otros partidos poseen montos de deudas que sobrepasan los activos disponibles. Y curiosamente, son partidos que han hecho de la “austeridad del Estado” una bandera para atacarle. ¡Valiente prefiguración de lo que nos esperaría si llegaran al gobierno!

Tampoco ha sido señalado el Frente Amplio por el Tribunal Supremo de Elecciones en el sentido de intentar defraudar al Estado mediante el reporte de gastos falsos o ilegales, en el marco del reconocimiento de la deuda política. Se le han rechazado gastos, pero nunca por intentar estafar al fisco; si ha sucedido esto es por errores de forma sin que se haya detectado ánimo doloso en los mismos.

Todo esto lo veo, entonces, como una señal que la sociedad, y sobre todo quienes decidan votar en el 2014, deberían tener en cuenta. La quiero enunciar en una frase, casi que una hipótesis: Un partido político prefigura su accionar en el gobierno a partir de su accionar previo.

Rodolfo Ulloa ha sido un
pilar en la construcción del
Frente Amplio. Primero en
la Tesorería nacional y ahora
como Secretario General.
Debe reconocerse que personas como Rodolfo Ulloa Bonilla, actual Secretario General y hasta hace poco Tesorero, desarrolló una labor impecable no sólo en el plano administrativo, sino también en lo que tiene que ver con el cerrar y prever acciones contrarias a una visión ética de limpieza, transparencia y honestidad en la acción política. Un trabajo que desarrolló en la Tesorería, hay que reconocerlo, con el apoyo decidido de Roberto Alfaro, actual Tesorero.

Debe reconocerse también, que la vida interna no se ha detenido. Ha continuado y un proceso como el de renovación de estructuras, que en partidos como el PAC se ha visto dificultado y en el PUSC ha desatado una lucha caníbal entre sus dirigentes, en el Frente Amplio se resolvió de manera bastante rápida y sin cuestionamientos. Tanto así que incluso, se logra resolver la cuestión de la candidatura presidencial desde el 9 de marzo, nombrando a José María Villalta Flórez-Estrada por 69 de 73 asambleístas nacionales. Una votación que refleja, de manera clara, una unidad y cohesión importante.

Ahora el reto de este partido es lograr terminar el proceso de elección de las candidaturas a la Asamblea Legislativa de manera que la unidad se fortalezca antes que debilitarse. El reto es lograr que las personas que lleguen a esos puestos, que serán presentadas como la encarnación de una serie de propuestas y de una forma de hacer Política, respondan a estos claramente. Que sean personas que hayan demostrado no sólo capacidad para el trabajo parlamentario, sino que también tengan una trayectoria de vida comprometida con las luchas sociales, con los fundamentos axiológicos y un talante de buscar la unidad de los diferentes actores sociales. 

Porque el puesto de diputado(a) del Frente Amplio ya está marcado; combatividad con la injusticia y espíritu unitario con los sectores populares. Ese es el reto y esa debe ser la propuesta que se presente a la sociedad. Sólo así se logrará avanzar en la construcción de una alternativa con perspectiva de superación del neoliberalismo en Costa Rica.

martes, 19 de marzo de 2013

Por una amiga y compañera.


Dentro de los valores que he asumido como fundamentales, están la honestidad y la lealtad. Honestidad para plantear mis pensamientos de manera clara y directa; lealtad para nunca traicionar a quienes me han brindado su amistad y, sobre todo, si esta amistad ha surgido del compartir anhelos y luchas comunes.

Ante todo, Patricia Mora Castellanos, vale por ella misma
Esto y solamente esto es lo que me ha movido a escribir estas líneas. Porque en estos días he leído, con dolor y cierta rabia, comentarios en redes sociales en que se ataca, creo que sin conocimiento suficiente de causa, a una mujer excepcional en muchos aspectos. Me refiero a Patricia Mora Castellanos.

Patricia es ante todo, una persona que por derecho propio se ha ganado un espacio en las filas de la izquierda costarricense. Desde joven militó en la antigua Juventud Vanguardista Costarricense (JVC) y posteriormente en el Partido Vanguardia Popular (PVP) y, posterior a la dolorosa división del mismo, en el Partido del Pueblo Costarricense (PPC). Diluído el referente comunista costarricense, tanto el PVP como el PPC, no se contenta con mantenerse rumiando un pasado desde el diván. Cuando muchos(as) “revolucionarios” arrollaron sus bártulos y se complacen con relatar su pasado político como una anécdota simpática, ella mantiene el ascua de la rebeldía.

Desde la trinchera de Fuerza Democrática, en los días convulsos y maravillosos de la lucha contra el Combo del ICE, se le vió en la calle, en las aulas, en los debates y reuniones. Marchó y sufrió, como si hubiera sido directamente en su contra, la agresión física y verbal de una pléyade de jóvenes que surgen en ese momento histórico de renacimiento de la izquierda, en su amplio sentido, de Costa Rica. Porque ella fue testiga directa de como Eva Carazo, José María Villalta y otros(as) representantes de una nueva generación, de una nueva Joven Guardia, tomaban el relevo. Su casa y ella misma fueron refugio y nido para ellos(as).

Pero las ambiciones y las luchas palaciegas hicieron de nuevo aparición. Fuerzas incontrastables conspiraron para que Fuerza Democrática implosionara. Inició aquella larga “travesía por el desierto” que nos recordaba José Merino del Río. Nos agrupamos algunos(as), formamos el Foro de Acción Política “Otra Costa Rica es Posible” y se acercaron personas que, dejando de lado el pasado, nos dimos la mano y decidimos echar a andar. Surgió el Movimiento Alternativo de Izquierdas (MAIZ) y de este el Frente Amplio.

Nunca recuerdo haber visto a Patricia ausente de todo este proceso. Por el contrario siempre estuvo ahí, dando un aporte en organización callado pero fundamental. Recuerdo como los fines de semana ella misma asumía tareas de visitar, organizar, motivar y sostener, la incipiente estructura de esa, parecía para muchos, quijotada. Con ella supe lo que fue estar en el Tribunal Supremo de Elecciones durante el proceso de verificación de las diez mil firmas que nos exigieron para inscribir el Frente Amplio a nivel provincial. Ella era una de las que madrugaba para recolectar las que nos rechazaron. Y sacamos la tarea.

Y durante todos estos años ella mantuvo un comportamiento que a muchos(as) nos llenaba de un cierto resentimiento. Indefectiblemente se negaba a asumir posiciones de dirección o de representación electoral. Siempre la veíamos rechazar las propuestas, moviendo su cabellera rebelde, como ella misma, y diciendo “no mejor no”. ¿Porqué? Si ya había demostrado su valía sin menoscabar su formaación intelectual. Socióloga de profesión y oficio, docente universitaria y con experiencia en investigación (recuerdo su paso por el Centro de Investigación en Estudios de la Mujer, CIEM) y por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

Hoy mucho de ello ha cambiado. El 9 de marzo del 2013 fue nombrada, prácticamente por unanimidad, presidenta del Frente Amplio. También aceptó presentar su nombre para una eventual candidatura como diputada por la provincia de San José. Y a partir de aquí, se han levantado voces de recriminación, cargadas de un ácido talante, descalificándola y cargándola de epítetos que, personalmente, me han parecido injustos y paridos en una matriz de desconocimiento y no cierta malas intenciones por parte de algunas personas. No todas, muchas lo hacen desde una posición de lo que yo he llamado el “lastre del pasado”. Un lastre porque juzgan con elementos pasados una realidad que han rechazado vivir y conocer.

¿Cuál es el fundamento de este ataque? Lo resumo así: una manifestación de la cultura machista y patriarcal que, desgraciadamente, tiene nuestra sociedad y para mayor desgracia, se encuentra enquistada en muchas personas de izquierda. Porque mucho de lo que se lee apela a situaciones de su historia personal.

Bajo la lógica perversa de atacar a Patricia Mora por
su filiación familiar, Emiliano (en brazos de su padre)
jamás podría dedicar su esfuerzo a la Política. ¿O por
ser hombre sí se lo "perdonarían"?
Se le señala como una especie de pecado el ser sobrina de Manuel Mora Valverde e hija de Eduardo Mora Valverde. Con ello quieren implantar la idea de que es una especie de dinastía. Lo que no toman en cuenta es que si esto fuera así, estaríamos rebosantes de otros hijos e hijas de ellos y de otros miembros de la familia Mora Valverde, y no ha sido así. ¿Porque nadie acusó a extinto Alianza Patriótica de querer ser tomado por Manuel Mora Salas? ¿Será porque a los hijos de políticos sí se les permite vincularse en política pero a las hijas no?

Más bien habría que preguntarse si su vocación política no ha surgido a partir de ese entorn familiar. Negar este hecho es desconocer que muchos(as) otros(as) hijos(as) de dirigentes de izquierda hoy tienen una vidad activa en la política. Si no es de recibo la descalificación para Patricia Mora, tampoco lo puede ser para Beatriz Ferreto, por poner un ejemplo concreto.

Se le señala por ser viuda de José Merino del Río. Pero lo que quienes esto hacen es desconocer que la historia de ambos no se puede cortar y separar. Fueron una pareja ejemplar, uno de esos, quiero decir, excepcionales casos que deberíamos tratar de imitar. Y su comunión sólo se puede explicar porque compartieron ideales y luchas siempre una a la par del otro. Y juntos crecieron como personas y revolucionarios. Y es entendible que, ante la ausencia física de José Merino, ella entendiera que su aporte es importante y necesario. Ella no lo hace por un interés egoísta, lo hace porque muchos(as) se lo pedimos. Y esto lo digo con la seguridad de haber formado parte de ese grupo de personas.

Patricia Mora Castellanos, nunca me pediste que escribiera esto, pero si no lo hacía, simplemente traicionaba no sólo nuestra amistad, también nuestra militancia.

domingo, 10 de marzo de 2013

De Berlín 1936 a San José 2013. Poco ha cambiado.


En algún momento, hablando sobre Simmel en una de las maravillosas clases con el doctor Oscar Fernández, nos mencionaba como este autor alemán comprendía los procesos electorales como una forma de evitar, o canalizar por medios pacíficos, las discrepancias entre grupos sociales. Las elecciones tenían el valor de evitar que las contradicciones se canalizaran por medios violentos. Con ello, a su vez, se supone que ganan todos. Quien vence, evidentemente. Quien pierde, garantiza su supervivencia (literalmente).

Arriesgándome un poco, me atrevería a efectuar una especie de “spin off” de esta idea. La competencias deportivas que involucran a diferentes países, permiten llevar a cabo una especie de guerra ritual, en la que la derrota de un adversario (los otros países), no implica la eliminación física de aquel. Los elementos de victoria y derrota se convierten en exaltación de los héroes propios y la humillación de los ajenos. Un especie de ejercicio de violencia simbólica sobre otras naciones completas.

Es por ello que en muchos regímenes, las competencias y triunfos deportivos sean vistos como un problema de Estado. Los ejemplos más acabados de esto se observaron, creo que por primera vez, en la Italia fascista durante los campeonatos mundiales de fútbol de 1934 y 1938, así como en la Alemania nazi durante las olimpíadas de 1936.

Afiche del campeonato mundial
de fútbol de Italia, 1934, en plena
dictadura fascista.
Estos tres momentos fueron usados por los dictadores Mussolini y Hitler, para tratar de justificar que los logros deportivos simplemente respondían a una manifestación de la superioridad propia sobre los otros inferiores. Asimismo, los despliegues de fastuosidad y majestuosidad en los actos inaugurales, solamente eran una parafernalia montada para reforzar, visualmente, este talante. Basta con recordar la gráfica de los afiches del mundial de 1934 o la película Olympia, realizada por la cineasta del régimen, Leni Riefenstahl.

Es precisamente en esta Olimpíada, en que se da por primera vez un acto de inauguración con ribetes de espectacularidad, pero sobre todo, con una intención de exaltación de lo que, precisamente, no busca el olimpismo; la superioridad alemana sobre el resto. Un acto inaugural en el que se mandaba un mensaje claro al resto del mundo: esto es el nazismo. Las imágenes de Riefenstahl hablan por sí solas. La persona diluida en la masa, el orden y la disciplina que justificará las conquistas sobre los demás, la majestuosidad imperial. Por cierto, la ceremonia de la antorcha fue idea de los ideólogos y propagandistas nazis, tan exitosa, que se incorporó desde entonces.

La versión tropicalizada.

Entendiendo desde entonces el valor simbólico de las competencias deportivas internacionales, cada vez más vemos como hay países que, en sus dimensiones respectivas, se esfuerzan por adquirir una sede. Ya sea una Olimpíada, un campeonato mundial de fútbol (masculino o femenino) o juegos del ciclo olímpico a nivel regional, es un momento importante para el poder.

Costa Rica no es una excepción. El bienio 2013-2014 se presentaba auspicioso en ese sentido. Por un lado, la FIFA le otorgó el campeonato mundial femenino sub-17; mismo que fracasó sin haber siquiera iniciado las obras de infraestructura. Por cierto, la fecha de realización se había adelantado, cosa que casi no se menciona, de diciembre del 2014 a abril de ese año, para que Laura Chinchilla pudiera estar presente como presidenta. ¿Es o no un uso del deporte con fines claramente de ejercicio del poder? Y este adelanto conllevó un adelanto del calendario previo y, a la larga, el fracaso y pérdida de la sede. Esto podría explicar la desesperación del gobierno por tratar de revertir la decisión de la FIFA, que por cierto a veces parece tener más poder que la misma ONU (al fin al cabo, reúne más países y mueve más dinero).

Uno de esos momentos de exaltación
de lo nuestro sobre los otros.
El otro momento lo vivimos al escribir estas líneas. San José es la sede en la que se desarrollan los Juegos Deportivos Centroamericanos. Y como toda actividad de esta índole, tuvo su respectivo acto inaugural. El domingo 3 de marzo, en la noche, el Estadio Nacional acogió un espectáculo que, desde una perspectiva de realización y novedad, marcará un antes y un después sin lugar a discusión; incluido el incendio de 600 m2 de techo por un descuido en los fuegos artificiales.

Ahora, sí le entramos por el lado del talante, la inauguración fue definitivamente un desacierto absoluto. El contenido mismo que articulaba la estética desplegada fue una apología abierta al tradicional chovinismo costarricense, cultivado desde la clase dominante, como un elemento hegemónico en la sociedad. Incluso, para quienes valoramos a la humanidad sobre las nacionalidades, era insultante y agresivo. Despliegues de banderas, eslóganes, mensajes explícitos de ideogramas de superioridad sobre los “otros que no son como nosotros”. Y una obscena exhibición de Johnny Araya Monge, candidato del PLN y alcalde de San José junto a Laura Chinchilla, presidenta actual.

El incendio de parte del techo del Estadio Na-
cional lo ha tratado de minimizar Araya. Y es
entendible, ese fuego podría ser su fogata de
vanidades para febrero del 2014.
Araya Monge se pavoneaba, sacaba pecho y sonrisa. Y como no lo iba a hacer, si ese era su exaltación al poder. En él se quiso centrar todo lo exitoso, novedoso y majestuoso. Él de una u otra manera mandaba un mensaje de que merece estar en el poder, relevando a quien le acompañaba. En suma: la inauguración de los Juegos Deportivos Centroamericanos no se pensó en la lógica de buscar una Centroamérica unida; por el contrario, se pensó como la primera plaza pública de Araya Monge, lanzando mensajes de que es un “buen tico”, sobre todo, porque manifestó que somos “superiores” al resto de los países del istmo. Claro, el incendio del techo, no fue culpa de él. Y si quieren cotejar mi apreciación vean un video de la misma, eso sí, con un ojo que vea más allá de lo que se ve.

sábado, 2 de marzo de 2013

Perdón si suena pedante pero... SE LOS DIJIMOS.


Cuando alguien le espeta la frase de “te lo dije”, quien la recibe normalmente se molesta. Por un lado porque puede ser un ejercicio de superioridad de quien lo dice, o bien porque uno se da cuenta de que debió haberle puesto un poco más de atención en su momento.

Así que, de antemano, no es por prepotencia ni un sentimiento de superioridad, pero SE LOS DIJIMOS. Y me refiero en concreto a una nota publicada el viernes 1° de marzo en La Nación (“Fracasa primer intento para llevar telefonía azona pobre”).

Poco a poco se van revelando como ciertas muchas de las
críticas y señalamientos que se hicieron en contra de la ins-
piración ideológica del (mal) llamado Libre Comercio.
En los años previos a la aprobación del TLC entre Centroamérica, Estados Unidos y República Dominicana, uno de los peligros que se señalaba desde las tiendas opositoras al mismo, era que si la telefonía entraba en el tratado, se perjudicaría gravemente el acceso a este servicio en los sectores más pobres, especialmente en las zonas rurales del país.

En la base de la argumentación se colocaba el hecho de que la lógica que inspira a esta visión del funcionamiento del capitalismo, la visión neoliberal, lo que prima es la ganancia, una ganancia que se piensa obtener a partir de una estrategia única y exclusivamente fundada en la lógica de funcionamiento industrial. Desde esa perspectiva, entonces, si el llevar telefonía y otros servicios de telecomunicaciones no permitía la obtención de una plusvalía máxima, según las condiciones en otros sectores, esas compañías simplemente no entrarían a cubrir los servicios.

La contra argumentación vino en el sentido de que eso se garantizaba a partir de la creación de un fondo, generado por los montos pagados por las compañías privadas que entraran al mercado de telecomunicaciones, al serles concedidos los derechos de uso de ciertos segmentos de frecuencia, especialmente, para telefonía celular. Con ese fondo, se supone, se brindaría el servicio de telefonía, así como mejorar las condiciones de acceso a las tecnologías de la infocomunicación, a poblaciones pobres y con pocas posibilidades de acceder a ellas, bien por cuestiones de orden geográfico o bien por condiciones de orden económico.

Hasta aquí la cosa parece bien. De hecho se establece el FONATEL, mismo que a la fecha dispone de 190 millones de dólares. Se escogen una serie de comunidades del cantón de Siquirres para ser las primeras beneficiadas. Las compañías que mostraran interés deberían brindar acceso a telefonía e Internet a poco más de 4000 personas y darle equipo de cómputo a 1200 escolares. Se interesan tres compañías, dos privadas (Claro e IBW) y el ICE. Hasta aquí todo parecía ser un tapa bocas a quienes nos oponemos a esta visión de lo que debe ser el funcionamiento de la economía.

Pero, ¡ninguna empresa formaliza! Dicho de manera clara, lo que iba a ser una victoria propagandística para los neoliberales aperturistas y desreguladores a ultranza, se convirtió en una derrota. No bastó el que la compañía que fuera seleccionada recibiera un subisidio del FONATEL. ¿Cuáles fueron las razones para que no se pudiera hacer esto? Según Humberto Pineda, director de FONATEL Lo que se ha manifestado es que el tercer gran componente del proyecto –dotarlos de computadoras y darles mantenimiento– se sale un poquito del giro de negocio de las empresas de telecomunicaciones”. Demasiado críptico y con un fuerte tufillo a mentira. Porque Claro, al menos, ha realizado campañas para vender paquetes de Internet, incluido el suministro de aparatos de cómputo.
Si bien es cierto el ICE sigue siendo una compañía estatal, en sus lógicas de acción comercial prima una privatización completa. Por decirlo así, lo privado colonizó a esa institución emblemática del desarrollo económico de los años sesenta y setenta en Costa Rica. Con dolor lo pienso, ya no hay diferencia entre el ICE, Claro y Movistar.

¿Y el ICE?

Pero lo que más llama la atención es el hecho de que el ICE, esa otrora institución emblemática del desarrollismo socialdemócrata, se haya desnudado y haya quedado diáfanamente expuesto su cambio en el contenido como empresa. Ha pasado de ser una empresa estatal, con vocación de servicio solidario, a convertirse en una empresa privada más en su esencia de llevar a cabo negocios.

Se los dijimos.
¿Qué le impedía al ICE asumir esta tarea, si realmente mantiene su vocación de solidaridad? ¿Dónde quedaron los jerarcas de sus organizaciones, como por ejemplo ASDEICE, que hacen mutis ante esta situación? Va siendo hora de que se rescate al ICE como institución de desarrollo e inclusión social, dejando de lado los simples cálculos económicos crematísticos. Mientras tanto, y aunque se moleste alguien, SE LOS DIJIMOS.