domingo, 12 de enero de 2014

Rompimiento del tope de cesantía y la lógica adultocentrista del discurso hegemónico.

El adultocentrismo en nuestra sociedad no sólo afecta las relaciones entre generaciones, se traslada también a ciertas intenciones en el discurso político. Y esto se ve reflejado con claridad en esta campaña electoral, sobre todo en ciertos temas y desde ciertas posiciones del espectro ideológico.

Ningún partido escapa a esta impronta, es cierto, pero también lo es que en algunos casos se asume autocríticamente y en otras ni siquiera es un elemento que se perciba como tal. Hay una naturalización de esta lógica y se da por sentado que siempre ha sido así y siempre así será.

En La Nación y otros espacios mediáticos, se ha posicionado una tendencia de parte de ciertos intelectuales orgánicos del bloque hegemónico de “explicar y valorar” ciertas propuestas programáticas del Frente Amplio. Pero estas aparentes acciones pedagógicas, parten de una visión y concepción de que la población en su conjunto es una especie de ser incapaz. Es la misma visión que se tiene, dicho sea de paso, de la niñez y la adolescencia (y a veces extendida a la juventud) como un estadío del desarrollo humano en que la persona no es capaz de tomar decisiones por sí misma, y por ello, debe ser guiada y orientada para que no se descarríe.
¿Será así como ven a la
gente en ciertos medios?

Es por ello que esos escribidores “neutrales” un día sí y otro también más que explicar razones, dictan conclusiones. Le dicen a las personas que es lo que tienen que pensar y decir. Al fin y al cabo, ellos son la voz que los va a encarrilar por la senda correcta... Pero sin decirles hacia donde lleva esa senda.

Uno de esos temas en los que han hecho su dictado discursivo es el caso de la propuesta del Frente Amplio del rompimiento del tope de cesantía. Sin entrar a analizar y explicar el contexto, casi que ineludiblemente los escribidores de La Nación siempre empiezan por la conclusión: van a quebrar a las empresas privadas y al erario público. Ya lo que viene después no importa, papá habló y sus chicos obedecen. ¿Recuerdan como terminaban muchas veces las discusiones con nuestros padres: “Ya dije y punto.”

Al menos yo no creo que la gente sea incapaz, ni mucho menos. Creo que si se le brinda la información adecuada es capaz de tomar decisiones por sí misma. Añoro que el debate político se basara más en contraponer ideas y argumentos, pero como la vida es sueño, dejadme dormir feliz.

¿Qué se obvia en el debate?

Efectivamente, existe en el programa del Frente Amplio la propuesta de romper el tope de cesantía, para que no se reconozcan los años de vinculación laboral en una empresa y no un máximo de ocho años como hasta ahora. Los argumentos y razones son estas:

  1. Existe en nuestra Constitución Política, desde que se aprobó en 1949, una estipulación de que se deben crear seguros de desempleo. Nunca se ha cumplido esa norma, al menos, como se implementó (aunque venida a menos) en los Estados de Bienestar europeos, sobre todo. En esos Estados, a quienes no logran acceder a un empleo se les brinda un subsidio para, al menos, garantizar sus condiciones mínimas de supervivencia. En el caso costarricense, existen dos formas de carácter universal. La primera consiste en lo que se llama el Fondo de Capitalización Laboral (FCL), que se acumula como parte del Régimen Obligatorio de Pensiones Complementarias. Este FCL lo puede retirar la persona en caso de haber perdido su trabajo. El problema es que su monto nunca es lo suficientemente alto como para cubrir las necesidades a largo plazo. El segundo es el llamado auxilio de cesantía, que es el tema en debate.
  2. El auxilio de cesantía contempla, actualmente, que en caso de despido injustificado
    (sin que medien causales imputables a la persona trabajadora, o sea, por simple y llana voluntad del patrono), se le debe reconocer el equivalente a un mes de salario por cada año laborado hasta un máximo de ocho años. O sea, si alguien ha trabajado veinte años y un día hacen una “reorganización administrativa” (eufemismo para no decir despido sin causa válida), solamente le darán ocho meses de salario como compensación. Vale decir que muchas instituciones autónomas y municipalidades han negociado con sus trabajadores(as) rompimientos de esta norma, y hasta ahora, no han quebrado.
  3. En buena teoría contable, se supone que cada empresa y patrono debe hacer una reserva para cubrir ciertas obligaciones de carácter legal para con sus trabajadores(as). Las vacaciones, el aguinaldo y la cesantía son tres casos concretos. Por supuesto, esta reserva, si es bien manejada, puede significar a su vez una fuente de ingresos vía inversión financiera.
  4. En caso de renuncia o despido por causa justa (causales que están contempladas en el Código de Trabajo), este auxilio no se cancela. Si la empresa ha hecho la reserva, entonces, al extinguirse el contrato laboral por estas circunstancias, simplemente puede disponer del dinero de forma libre e inmediata.


Lo que sí parece para mí claro es que hay un temor a mejorar las condiciones de garantías y
protección a las personas trabajadoras. Parece ser que una parte de nuestra oligarquía económica considera que lo hecho hasta ahora basta e incluso es demasiado. Demasiado porque merma su capacidad de acumulación de capital, demasiado porque, otra vez con una visión adultocéntrica, ven con malos ojos que esos incapaces trabajadores(as) actúen de manera tan caprichosa y no consideren los “sacrificios” que hacen para con ellos. ¿Cuántas veces no hemos oído discursos similares cuando una madre reclama a sus hijos(as) de que “Ustedes no valoran lo que yo hago”?

1 comentario:

  1. Vuelvo a las críticas de teatro, más suscintas y no en La Nación. La primera del año.
    Invito a pasar por mi blog a ver si me carboneo para seguirlo haciendo. Gracias.

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