lunes, 13 de enero de 2014

Santiago está más cerca de San José que Managua.

La ofensiva de medias verdades y mentiras y media parece tener como actor principal a los editorialistas de La Nación. Hoy no es la excepción, publicando una página completa. La tónica, la misma de siempre en esta campaña electoral; convencer al electorado que de triunfar José María Villalta y el Frente Amplio, sucederá algo tan pero tan malo que hasta los jinetes del Apocalipsis saldrían a galope huyendo.

Inicia el editorial con una afirmación que no deja dudas de lo que trata el editorial. No hace falta llegar al final, la conclusión es con lo que inician. Textualmente dicen: “El socialismo de otros países como Chile y Brasil es mucho más moderado, muy semejante en sus regímenes institucionales y políticos a las demás naciones democráticas con economías de mercado.”

Ya aquí está la primera confusión de conceptos e inexactitudes. Porque si se hubieran tomado el tiempo para leer los estatutos del Partido Socialista de Chile (PSCh) y los planteamientos programáticos de la Nueva Mayoría para las elecciones recién pasadas en Chile, se habrían llevado algunas (desagradables) sorpresas y creo habrían tenido que cambiar en mucho la redacción del editorial.

Obvia decir, por ejemplo, que en sus estatutos el PSCh plantea que este partido
“... es un partido popular y de izquierda, autónomo, democrático y revolucionario, en tanto persigue un cambio social profundo. El socialismo es la respuesta al neoliberalismo y al capitalismo globalizado. Luchamos por una radical profundización de la democracia, haciéndola participativa, por una economía solidaria al servicio de la satisfacción de las necesidades de los seres humanos, una cultura de la libertad y una proyección de Chile en el mundo a partir de su condición latinoamericanista e internacionalista.” (pag. 4)
Leído en paralelo con los estatutos del Frente Amplio, no existe mayor diferencia. Los extractos de interés dicen:

Sobre la democracia: “Se instala en la lucha por una democracia avanzada en todos los campos, incluyendo la democracia económica y cultural. Promueve formas de democracia más participativas y directas”. (pag. 2)

Sobre el socialismo: “Lucha por una sociedad inclusiva, igualitaria, próspera, culta y sostenible que se apoye en los valores del humanismo, de la ilustración y el socialismo: libertad, igualdad, fraternidad, solidaridad, pluralidad, justicia social.” (pag. 2)

Sobre el neoliberalismo y la globalización: “Defiende el interés nacional frente a la globalizacipon de signo neoliberal.” (pag. 2)

¿Cuál es la diferencia fundamental? Poca o ninguna, por lo que queda en entredicho la afirmación de que el PSCh es tan diferente del Frente Amplio.
La Nación hoy idolatra a Lula, primer presiden-
te de izquierda en Brasil, también fue sataniza-
do en su momento. Pero no pasó el desastre 
que profetizaba la derecha.

¿Será que la diferencia se encuentra en los planteamientos programáticos de la Nueva Mayoría (coalición que ganó las elecciones y en el que participa el PSCh)? Eso también creo debería ser revisado por el gacetillista de La Nación. Como parte del infierno en que, supuestamente, se va a desatar, provocará que se aumenten los impuestos, lo que a su vez conllevaría a una desbandada de la inversión extranjera. Se supone, por lo que trata de hacernos creer La Nación (más bien, a la oligarquía que representa), es que esos males sólo suceden en Venezuela, Nicaragua y Argentina, siendo Chile más moderado y respetuoso del sacrosanto libre mercado. ¿Será tan cierto?

Una vez más la realidad parece que conspira en contra de esa empresa. Ante todo, empieza por reconocer que el modelo que se impulsó en Chile, y que por aquí parece ser tan querido, está agotado:
“...Chile ha entrado en una nueva etapa de su desarrollo en la cual la ecuación de mercado y Estado se deben readecuar. Los bienes públicos aparecen como una demanda social que devela la profundización de carencias en diversos ámbitos, así como de los resultados en materia de abusos y desprotección al que se enfrentan hoy los ciudadanos” (pag. 92). 
Para lograr ese objetivo, la Nueva Mayoría propone, precisamente, una reforma fiscal que, en mucho, se asemeja a la que plantea Frente Amplio para Costa Rica. Sintéticamente:
  1. Transformación del impuesto de primera categoría en un impuesto a las empresas. Universalizar el pago de impuestos sobre rentas devengadas.
  2. Eliminar todos los tributos sobre rentas presuntas y gravar las rentas reales.
  3. Reducir radicalmente el gasto tributario. Incluir como parte de la renta las ganancias de capital que benefician a personas físicas y jurídicas.
  4. Revisión profunda de la aplicación del royalty a la minería y de impuestos específicos a las utilidades extraordinarias que obtienen las empresas extractivas.
  5. Aplicar eficientemente un sistema de impuestos a bienes como el alcohol y el tabaco.
  6. Modificar el IVA que pagan los bienes de la canasta básica para beneficiar a los hogares de menores ingresos.
  7. Gravar toda operación de crédito en dinero e implementar la tasa Tobin que la sustituiría.
  8. Aplicar un modelo de impuestos a los combustibles que considere elementos de orden ambiental.
  9. Revisar el impuesto territorial como único impuesto existente. Aplicar un sistema de revisión de la valorización de los bienen inmuebles agrícolas y no agrícolas. Aplicar sobretasas en el caso de valores muy elevados “...debido a gran tamaño o lujos desmedidos.”

La presidenta Bachelet con los diputados del
Partido Comunista de Chile Manuel Ballestero,
Camila Vallejo y Karol Cariola. El PCCh forma
parte de la Colaición Nueva Mayoría y La Na-
ción no mencionó nada al respecto.
Muchas de estas propuestas no se alejan, en su inspiración de las que ha planteado Frente Amplio. Entonces, ¿dónde radica la diferencia? ¿Por qué de Chile no se van a desbandar los inversionistas pero sí de Costa Rica? ¿Será que ahora Chile se convertirá en Venezuela?

Lo que sí es cierto es que la izquierda latinoamericana, con diferentes variantes y visiones, insertadas en diferentes realidades y contextos de desarrollo histórico y social, van llegando a la misma conclusión general; el modelo neoliberal no ha logrado, en ningún lado, cerrar las brechas de desigualdad y pobreza. Tanto que el motivo de orgullo de aquellos países que aún se aferran a esta concepción, es que la pobreza se mantenga estancada. En Costa Rica pasa exactamente lo mismo, así que no debería el editorialista hacer comparaciones, y sobre todo, suposiciones tan a la ligera y de manera tan terrorista.


Creo, sinceramente, que hoy por hoy, si triunfa el Frente Amplio, podríamos estar más cerca de Santiago que de Caracas y Managua.

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