miércoles, 5 de febrero de 2014

¿Será posible un acercamiento entre el Frente Amplio y el PAC? Una reflexión personal.

La cuestión de si el Frente Amplio (FA) apoya o no apoya, institucionalmente, al Partido Acción Ciudadana (PAC) de cara a la segunda ronda electoral de abril, se ha convertido en una discusión demasiado visceral. Y razón hay para ello y demuestra que, en la política no sólo cuenta lo fríamente objetivo, también tiene su lugar lo candentemente subjetivo.

No pretendo hacer uso de una falsísima neutralidad valorativa. No creo en esos desdobles tan en boga en estos días. Por el contrario, escribo como lo que siempre he sido: Un militante del FA. Pero también debo aclarar que estas opiniones son absolutamente personales, por lo que no espero (en estos días ya no es muy realista) que se vaya a tomar como una posición del partido.

Las formas cuentan.

En un ya parece lejano 27 de julio del 2013, sentados en la sala de la casa de Patricia Mora, fui testigo de como un grupo de representantes del PAC, entre ellos Luis Guillermo Solís, Juan Carlos García, Olivier Pérez y Marcela Guerrero, nos anunciaban con cara de circunstancia que la Comisión Política del PAC había rechazado un pre acuerdo de coalición entre ese partido, Patria Nueva (PN) y el FA. Un acuerdo que se aceleró ese día, llegando incluso a trabajar en paralelo dos salas. En una se negociaba políticamente, en la otra avanzábamos en una propuesta programática común (solamente personas del Frente Amplio, ya que del PAC solamente enviaron su plan básico).

Al no surgir acuerdo, se tomó la decisión de emitir un comunicado conjunto, firmado por los dos presidentes del PAC y el PN y la presidenta del FA. Incluso Solís se ofreció a hacerlo. Lo envío por correo electrónico y se firmó y se hizo público (en la imagen abajo se puede leer en su versión original).

Sinceramente veíamos desde el FA que existieron elementos que atentaron a la conformación de esa coalición que, por cierto, nunca se puso en duda su carácter progresista e, incluso, de centro izquierda. Y un elemento adicional (digresión necesaria): Las conversaciones se dieron por iniciativa del mismo Luis Guillermo Solís, que invitó a Patricia Mora y José María Villalta a su casa para iniciar conversaciones. Es por ello que considerábamos que el PAC y PN no eran enemigos sino simplemente adversarios y que, conjuntamente, se trataba de atraer y concitar apoyos a las propuestas anti neoliberales y posicionar propuestas de orden progresista.

Esta (¿errónea?) percepción hizo que tanto Villalta como candidato del FA y Corrales como su contraparte del PN se cuidaran de efectuar ataques directos entre ellos y contra Solís en los debates. Y si bien en un principio pareció que Solís actuaba de forma similar, pronto parece que fue llamado al orden. Y el disparo de advertencia salió de su homónimo, Ottón. A partir de ahí, las cosas cambiaron. Habiendo perdido el caudal de apoyo de un buen sector del electorado con sensibilidad más proclive al progresismo de izquierda, deciden apostar por atraer a un sector más conservador. Y para ello refuerzan su discurso en atacar al FA (es ya conocido el apelativo de bolivariano a nuestro partido) o aprovecharse del ataque más sistemático de carácter anticomunista de parte del Partido Liberación Nacional (PLN), el Movimiento Libertario (ML) y los poderes fácticos de la prensa, en especial, La Nación.

¿Funcionó? Pues sí, se nos atenemos a que lograron obtener un 31% de la votación y con ella colarse a la segunda ronda electoral. Incluso, debo confesarlo, supuse que en las primeras 24 horas habría un acercamiento de parte de Solís para hacer efectivo lo que él mismo escribió el 27 de julio. Tanto lo creí que incluso abandoné nuestro acto final para poder oír el discurso. Y cuando abrió la boca, quedé pasmado. No daba señales de acercarse, por el contrario, cual general victorioso, más que un discurso político lo que hizo fue una arenga.

A partir de ahí, la cosa se complicó. Mucha gente que se identifica hoy con el FA se sintió defraudada. Y al pasar de los días, las manifestaciones de dirigentes del PAC, como Epsy Campbell y Alberto Salom, no ayudaron a bajar los ánimos. Más bien, parecían pavonearse ante quienes esperaban otro talante. A tal punto se ha llegado que, personalmente, no veo condiciones para ninguna conversación, salvo que existiera un gesto sincero de reconocer que los calificativos fueron un error, pero todo parece indicar que en su ecuación esta variable no entra.

  1. El simple rechazo al PLN no basta.

Desde la otra acera nos hacen llamados de que asumamos una “responsabilidad histórica”. Que si no votamos por el PAC, el PLN ganaría por tercera vez y con ello el orden de cosas se mantendría. Este argumento de simplismo rampante ni siquiera es de recibo. Bajo ese argumento lo
que están diciendo es que todo el voto del FA es un voto simplemente visceral y sin ningún trasfondo de racionalidad. Puede que una parte del voto haya operado así, pero otra muy grande no. Lo hizo porque había una identificación con las propuestas programáticas y por un reconocimiento de que José María Villalta encarna una serie de aspiraciones y valores deseables en líderes políticos. No logro entender como Alberto Salom olvidó que en una elección operan tres elementos que se imbrican entre sí: lo tradicional (muy débil en el caso del FA), lo carismático (innegable en Villalta) y lo burocrático (asimilado en lo programático).

Haber descalificado a Villalta opera en contra de captar el apoyo carismático y no querer negociar elementos programáticos descalifican a las personas que toman la decisión por análisis y reflexión. Mala apuesta, parece.

Apelar hoy a que se apoye al PAC porque es diferente al PLN, sin considerar que el FA también lo es, tampoco parece muy aterrizado. Si ese es el objetivo que se le presenta al electorado, de una u otra forma se le dice que si en vez del PAC estuviera el ML, sería válido votar por el ML. Al fin y al cabo, sacaríamos al PLN.

  1. ¿Están los puentes dinamitados?

Personalmente creo que sí. Talvez no se han derrumbado del todo, pero están tan falseados que difícilmente aguantarían. Claro que aún existe un cierto margen de maniobra pero creo que las condiciones en que se deberían dar, no pueden ser solventadas en los escasos dos meses que restan.

En primer término, debería darse un reconocimiento de que existió un exceso discursivo que insultó a mucha de la militancia del FA. Sin ese primer elemento, el resto del camino no parece muy abierto.

En segundo término, cualquier conversación debería partir de dos elementos básicos. Por parte del PAC una voluntad de incluir propuestas programáticas del FA en su gestión como Poder Ejecutivo. Y estas propuestas deben contener no sólo un carácter progresista, también deben ser fundamentales para el FA. Por otro lado, el FA podría comprometerse al apoyo de proyectos de ley consensuados que respondan a visiones comunes de ambos partidos.

Otro elemento es que PN no debería ser marginado de las conversaciones. Al fin y al cabo, formó parte del esfuerzo de coalición y también puede tener propuestas que le sean importantes. Asimismo, y no debe ser una exigencia de negociación, no deben ponerse puesto en el tapete de discusión. Esa no es la cuestipon fundamental, pero sí el tomar en cuenta a sus socios, políticos en el caso de que se llegara a algo, para la formulación de políticas públicas.

Menciono el tema de los puestos porque Luis Guillermo Solís ha lanzado una advertencia que parece innecesaria, no se van a tranzar puestos. Válido, pero al FA no le interesan puestos, le interesan políticas públicas que sí es relevante. Claro, también debemos entender que debe haber una fila de aspirantes muy larga en el PAC, máxime que han esperado por doce años para verse en esta tesitura.

Así que, ¿habrá acercamiento del PAC al FA? En dos palabras, no creo.